martes, 28 de abril de 2009

El ser humano en decadencia

Viviendo en esta Sociedad tan consumista y capitalista, ¿en qué lugar queda la educación? Siempre ha sido un instrumento de los altos cargos para crear individuos competitivos en su futura vida laboral, y ahora no sería menos. No es de extrañar que las competencias de nuestros alumnos estén más vinculado a las asignaturas prácticas y no tanto a lo teórico, a lo científico más que a lo humano.

“En la actualidad se le da más importancia a la transmisión de conocimientos en detrimento de las otras dos: trasmisión de valores y socialización.”

¿Qué ocurre en los institutos? Los chavales se dan cuenta de la realidad existente, que todos aquellos valores o comportamientos que se les han exigido de pequeños son incumplidos por sus mayores. Ven claramente un clima de desconfianza: sus profesores dudan de sus cualidades y se les trata casi como delincuentes. Los adolescentes se sienten inseguros y sometidos a unas instrucciones demasiadas estrictas. Pasa a ser un rival de competición que debe adquirir unos conocimientos determinados para poder pasar de nivel.

“El mundo de la educación tiene más que ver con lo que somos que con lo que sabemos. Lo que somos tiene que ver con lo que sabemos pero al final lo que queda es solo lo que somos.- Luis Pumares-“

Actualmente ¿se nos valora nuestra forma de ser o nuestra manera de realizar las actividades que se nos asignan? Está claro que lo segundo. Por ello considero que estamos perdiendo nuestra condición humana. Acabaremos siendo un producto de compra y venta y estaremos bajo las presiones económicas del país, se nos subastaran a las empresas (con suerte) según nuestro dominio en el oficio. En un establecimiento de venta de coches ¿les importará más que seamos amables o que lo aparentemos? En este momento es más importante el parecer que el ser. Los valores están enmascarados por la envidia, la competitividad, la soberbia,…

“Lo importante no es cuantas lenguas hable una persona, sino que en alguna de esas lenguas sepa decir algo interesante.”

Ese es el resultado, estamos tan obcecados por cubrir todas las expectativas que han puesto en nosotros el Estado, que a la hora de la verdad ya no sabemos decir nada interesante.

¿Y nos sorprende la situación actual en los institutos? No entiendo el por qué. Simplemente los chavales se están haciendo mayores. Se están convirtiendo en lo que creen que es ser adulto, teniéndonos como ejemplo.

Ejemplos de cómo no hacer las cosas

En esta ocasión quería escribir sobre algunas experiencias que he vivido gracias a mi “fantástico” trabajo como cajera. Sí, al final mis expectativas de trabajar como monitora de ocio y tiempo libre se han visto limitadas por las pocas salidas que actualmente hay en este campo (como muchos otros).

Bueno, habrá que sacarle partido. Y no esta mal reflexionar de vez en cuando mientras se está realizando una tarea tan metódica como la mía.

Podría mencionar los innumerables casos de individuos que ni se molestan en contestarme los “buenos días”, o los que se me dirigen como si careciera de ningún tipo de estudios. Muchos de ellos se han sorprendido cuando les he comentado que solo estoy para pagarme los estudios (¡que locura! ¿Es que los jóvenes de hoy en día hacen esas cosas?).

Sin embargo me parecen más interesantes esas situaciones con las que me he topado de vez en cuando, algo pintorescas y que me han dejado un tanto aturdida. Dos de los casos más llamativos fueron los siguientes:

Mi hermana estaba pasando la compra de una pareja de unos treinta y tantos años que llevaban a su pequeña de unos 6. Ambos llevaban todo tipo de alimentos, en su mayoría chucherías y bollería industrial, refrescos y demás productos (bastante caros y de poco valor nutricional). La cuestión es que la señora saltó la alarma al pasar por la barrera de seguridad. El hombre de seguridad se acercó para controlar la situación, mientras tanto la pareja se encontraba algo nerviosa. Pidió que la madre enseñara el bolso, y nada más abrirlo vio que llevaba un tanga con transparencias del centro comercial. Lo primero que dijo la mujer ruborizada y enojada fue:
- ¡Ha sido la niña! ¡Te he dicho mil veces que no cojas cosas de la tienda! ¡Si es que eres un trasto!
El padre enfadado y avergonzado por el numerito que estaba montando su esposa, se acercó a la niña dispuesto a echarle la bronca. La pequeña no tardo en decir, algo confundida y en bajito:
- Pero si ha sido mama.
La respuesta del padre fue de película. Estaba claro que la iba a caer una grande cuando llegara a casa.
Después de disculparse al encargado de seguridad, siguieron embolsando. Mi hermana preguntó si querían llevarse el tanga. A lo que contesto la madre, algo tímida que sí.

El tanga costaba 1 euro.

Estaba despidiéndome de un cliente cuando ocurrió lo que os voy a narrar. Resulta que la cinta transportadora no para de pasar hasta que uno de los productos pasa por el sensor que hay en el extremo más próximo a la caja. Muchas personas desconocen esto y piensan que somos las cajeras las que damos incontrolablemente un pedal. La cosa es que cuando el producto en cuestión no tiene el peso o tamaño suficiente (como puede ser una prenda, una bolsa de patatas fritas,…) el sensor no detecta ningún elemento por lo que la cinta sigue funcionando. El resultado es que la compra del primer cliente se amontona en la caja mientras que la compra del siguiente se mezcla con la anterior.
Esto fue lo que me ocurrió una vez. El señor de la primera compra, creo que marroquí (es importante el dato por lo que sucedió a continuación), se puso a apartar, amablemente, los alimentos que no eran suyos para que yo no me confundiera al pasarlo por el lector. El segundo cliente se puso a gritar como un energúmeno:
- ¡Qué no toques mi compra con tus manos! Pero que demonios haces ¡joder! ¡Pero con que derecho tocas lo que no es tuyo!
El hombre extranjero se puso algo nervioso y respondió como pudo a las acusaciones de este hombre. Yo pedí que se calmaran, que no había ningún problema, que el segundo cliente apartara por favor su compra y ya está. Sin embargo este no lo hizo, se nos quedo mirando con los brazos cruzados, por lo que tuve que preguntarle al señor marroquí qué productos eran suyos uno por uno (preferí preguntarle a él porque parecía mucho más simpático que el siguiente). Cuando éste se fue, el otro hombre se puso criticar sin ningún sentido al señor que ya se había ido, con frases tan recurrentes como:
- Encima que vienen aquí hacen luego lo que quieren. Deberían llevarlos a sus países. Encima que vienen aquí a quitarnos nuestro trabajo.
En ambas situaciones esta claro que hay una falta de educación por parte de alguno de sus protagonistas. Me avergüenzo de sus personalidades y lamento a los pobres niños que les toque vivir con semejantes individuos como “padres”. ¿Qué ejemplo están dando con su actitud? ¿Realmente son conscientes de sus responsabilidades como adultos? ¿De verdad desean convertir a sus hijos en lo que son? ¿O acaso vivieron este tipo de situaciones cuando eran pequeños y creen que es lo normal?