Hace unos días una profesora de la universidad se quejaba del bajísimo nivel que tienen los actuales maestros "recién sacados del horno". Lo que más la alarmaba era el constante y reiterativo uso del manual del profesor y la escasez de entusiasmo y creatividad en el aula.
En parte tenía razón, en las oposiciones no se miden del todo las cualidades que la persona tiene para "este puesto"... pero al igual que en la Universidad. Quise hacer de abogado del diablo, no me convencía su manera desmedida de degradar las capacidades de una joven que se le ocurrió (¡en qué mal momento!) realizar una actividad en clase: "Esto es un pueblo, ¿explica por qué?". Mi profesora casi la tira de los pelos (exagero) a ver que la chica no explicaba previamente el significado de aquel término tan complicado. La profesora de la que os hablo nos confesaba que por ella, volvería a poner las oposiciones como las que superó (siguiendo el pensamiento masivo e invasivo de "antes las cosas iban mucho mejor que ahora"). Nos lo confesaba de tal manera que pareciera una amenaza. Sinceramente, no me da miedo que dificulten las pruebas que determinan mi futuro, supongo que me lo trabajare al máximo para superar cualquier barrera. ¿Se cree que somos tan cobardes que nos asusta con tales declaraciones? Yo no lo soy, tengo bien claras mis expectativas, mis intenciones. Y no renuncié a objetar.
En primer lugar creo que son muy pocas las personas que son capaces nada más salir de la Universidad realizar su oficio a la perfección. Más que nada porque le hace falta algo imprescindible en este campo, experiencia. Como me dijeron en clase una vez "Enseñar se aprende enseñando". El fin no justifica los medios. El fin son los medios... Y no quiero con esto menospreciar, ¡qué disparate si así lo fuera!, a los que sin experiencia sean capaces de tomar las mejores decisiones en el aula, de manera casi intuitiva. Es más, les tengo una gran admiración y espero en un futuro seguir sus pasos.
Hablando en plata, no creo que su decisión fuese la correcta (realizar una práctica sin explicar unos conocimientos básicos, porque aturde al alumno al no conocer la respuesta). Pero también pienso que hay que darla tiempo para que aprenda por sí misma. Por favor, confiemos en nuestros futuros docentes (supongo que dará igual comentarlo en un blog, pero en fin, me animo a mi misma a no hacer caso a estos comentarios pesimistas). Además creo que este NO es un problema de la actualidad. He tenido maestros muy perdidos sin el libro del profesor. A lo que me dió razón y me contestó brevemente, casi mandandome callar "Ya.."
Y seguía con el lema de lo mal que van las cosas ahora. Me parece bien que nos adviertan te posibles fallos que podemos realizar, pero de esa forma...no lo creo. Luego se refirió a como deberíamos explicar las cosas. Si siguiendo el libro encomendado por el colegio/ministerio o si era mejor que profundizaramos más en los temarios y que así, aprendierán menos pero bien y no tanto pero mal y liado. Le di la razón en esto, es mucho más productivo explicar las cosas con detenimiento que rápido y mal. Pero no podemos dar el temario a nuestro libre albedrio, porque nuestro alumno el año que viene no lo será y estará con otro profesor que tendrá que seguir el temario del libro. Y también, si dieramos total libertad al profesor para exponer contenidos, veríamos claramente sus preferencias en cuanto materia, cuando le dedique 3 horas a conocimiento del medio y solo 1 a matemáticas. En este punto, una chica intervenió y la dijo que conoce a un profesor especializado en educación física y que le han puesto como profesor de matemáticas. ¿No será culpa de la administración? A lo que respondió: " si nos pusieramos a contarlo todo, pues muchas personas intervienen..." Entonces... ¡no le echemos todas las culpas a una persona! Analicemos todos los agentes que repercuten a que estas cosas ocurran. Y no os cuento como se puso cuando le dije "¿y no será porque salimos con una mala formación de la universidad?". Ahí dijo que mejor no hablaba, porque lo conocía en primera persona.
Con relación a Bolonia, supongo que se mejorará en este sentido la cosa ya que las especialidades se "alian" para que el profesor tenga una idea "global" de todas estas carreras. Ya lo veremos. Viendo que la profesora no nos daba respuestas que me satisfacieran, fui directa y la pregunte si el colegio nos exigía el empleo de un determinado libro en el aula. Me respondió con un rotundo "No", casi riéndose. Continuo diciéndonos (no se si venía a cuento, o es que solo quería hablar y no quería más preguntas) : "¡pero no importan tanto los conocimientos!, lo importante es que el profesor de la suficiente confianza al niño para que éste se sienta agusto en clase y atienda. ¡Os creeis que un profesor no conocía a los padres de un alumno después de dos años!" (de nuevo quejándose) "Es imprescindible que en las tutorías los niños cuenten sus problemas al tutor. Y eso no pasa. Ahora hay que ganarse a los niños de esta manera, porque ANTES ya veníamos educaditos de casa pero AHORA no, y tenemos que conseguir atraer su atención". La interrumpi, sin obtener resultados porque pareció que no me entendió. O yo me explico mal, o es que no quería darme la razón. La dije lo siguiente: "Usted nos está diciéndo que actualmente debemos dedicar más tiempo en el aula a la relación entre profesor-alumno, ya que los niños están desmotivados. Y que además, deberíamos llamar su atención y conseguir su confianza. ¿No será por estas cosas por las cuales el profesor no obtiene tiempo para dar todo el temario, y por lo tanto halla fracaso escolar?". Claro que hay que profundizar en los contenidos, claro que hay que llamar su atención. Claro que debemos ganarnos su confianza y darles apoyo. Claro que hay que motivarlos. Pero está claro que si realizaramos todas estas cosas, el niño se pasaría todo el día en la clase. ¡Hasta le podríamos dar las buenas noches y contarles un cuento!
sábado, 27 de noviembre de 2010
martes, 16 de noviembre de 2010
Madera de héroes
A continuación escribiré mi opinión personal sobre un artículo de María Menéndez llamado "Madera de Héroes". En él narra el aprecio que tiene a una profesora que le dió clase en primaria. Explica cómo su trabajo la va consumiendo más y más al pasar los años.
Philippe Meirieu en su obra Carta a un joven profesor dice:
“Toda la vida seguimos siendo el alumno del maestro que nos ha abierto la puerta al saber”.
Pienso que tiene mucha razón. Un claro ejemplo de tal pensamiento es el texto de María Menéndez Ponte. Ella, al igual que muchos docentes, encuentra su vocación gracias a un profesor que le ha influido en gran medida, tanto en su infancia como en su vida personal.
“En el fondo de nuestra vocación hay un encuentro creador de todo”. Pienso que es fundamental tener ideales para guiar nuestros pasos. En cierto modo, vemos reflejados nuestro deseo en los actos de una persona a su vez que vemos en sus actuaciones nuestro sueño profesional. Pero no debemos olvidar lo rápido que cambian los tiempos, y por eso debemos encontrar variables metodológicas acorde a las peticiones que nos pide la Sociedad. Es bueno aprender actitudes de profesores que nos han parecido interesantes y eficaces, pero también hay que innovarlas. Considero que, por lo tanto, en nuestra profesión nunca se debe delimitar nuestras capacidades. Lo que narra la escritora respecto al comportamiento de los alumnos en la etapa secundaria, lamentablemente, es una gran realidad. Tengo un hermano que está cursando 3º de la E.S.O y según lo que me cuenta, hay más delincuencia y descontrol en el instituto que cuando yo estudiaba.
Pienso que es muy difícil obtener aceptación y respeto de los adolescentes en la Sociedad actual. Los profesores ahora tienen que realizar infinidad de tareas que antiguamente estaban a cargo de la familia. Tampoco considero que el entorno más cercano al niño sea la única responsable de la Educación del niño, lo que quiero decir es que la enseñanza es un proyecto en el que deberían colaborar, en conjunto, varios agentes de acuerdo a su principal finalidad: el desarrollo cognitivo, emocional, psicológico y moral del educando. Desde luego que para ser maestro hay que tener madera de héroes. Pero no sólo los profesores, sino también los padres. Paciencia, perseverancia, constancia, optimismo, y lo más importante, no olvidar jamás el motivo de nuestro trabajo. Hace tiempo pregunté a una escritora de libros infantiles y una gran persona: ¿Cómo soportar tantas presiones, tantas dificultades en el aula? “¿Podré ser capaz de tener la paciencia suficiente para ser constante en mi profesión?”... A lo que me contestó:
“Da igual cuantas barreras tengas que saltar en la carrera, no importa si te tropiezas una y otra vez.
Lo que NUNCA, NUNCA debes olvidar es la meta, el motivo de todo tu esfuerzo y empeño.”
Philippe Meirieu en su obra Carta a un joven profesor dice:
“Toda la vida seguimos siendo el alumno del maestro que nos ha abierto la puerta al saber”.
Pienso que tiene mucha razón. Un claro ejemplo de tal pensamiento es el texto de María Menéndez Ponte. Ella, al igual que muchos docentes, encuentra su vocación gracias a un profesor que le ha influido en gran medida, tanto en su infancia como en su vida personal.
“En el fondo de nuestra vocación hay un encuentro creador de todo”. Pienso que es fundamental tener ideales para guiar nuestros pasos. En cierto modo, vemos reflejados nuestro deseo en los actos de una persona a su vez que vemos en sus actuaciones nuestro sueño profesional. Pero no debemos olvidar lo rápido que cambian los tiempos, y por eso debemos encontrar variables metodológicas acorde a las peticiones que nos pide la Sociedad. Es bueno aprender actitudes de profesores que nos han parecido interesantes y eficaces, pero también hay que innovarlas. Considero que, por lo tanto, en nuestra profesión nunca se debe delimitar nuestras capacidades. Lo que narra la escritora respecto al comportamiento de los alumnos en la etapa secundaria, lamentablemente, es una gran realidad. Tengo un hermano que está cursando 3º de la E.S.O y según lo que me cuenta, hay más delincuencia y descontrol en el instituto que cuando yo estudiaba.
Pienso que es muy difícil obtener aceptación y respeto de los adolescentes en la Sociedad actual. Los profesores ahora tienen que realizar infinidad de tareas que antiguamente estaban a cargo de la familia. Tampoco considero que el entorno más cercano al niño sea la única responsable de la Educación del niño, lo que quiero decir es que la enseñanza es un proyecto en el que deberían colaborar, en conjunto, varios agentes de acuerdo a su principal finalidad: el desarrollo cognitivo, emocional, psicológico y moral del educando. Desde luego que para ser maestro hay que tener madera de héroes. Pero no sólo los profesores, sino también los padres. Paciencia, perseverancia, constancia, optimismo, y lo más importante, no olvidar jamás el motivo de nuestro trabajo. Hace tiempo pregunté a una escritora de libros infantiles y una gran persona: ¿Cómo soportar tantas presiones, tantas dificultades en el aula? “¿Podré ser capaz de tener la paciencia suficiente para ser constante en mi profesión?”... A lo que me contestó:
“Da igual cuantas barreras tengas que saltar en la carrera, no importa si te tropiezas una y otra vez.
Lo que NUNCA, NUNCA debes olvidar es la meta, el motivo de todo tu esfuerzo y empeño.”
sábado, 20 de marzo de 2010
Las etiquetas para los productos
¿Se imagina un centro comercial en el cual ninguno de los productos tuviera etiquetas? ¿A qué tardaría más en comprar lo que le interesa? El hecho de que estos productos tengan etiquetas tiene su razón lógica, nos informa del precio que tiene, la marca a la que pertenece, y nos señala cuales son sus componentes. Al fin y al cabo, es una manera productiva de ahorrar tiempo y esfuerzo a la hora de elegir entre todas las cosas que se nos ofertan en una gran superficie. Uno va a la tienda con una idea predeterminada de las cosas que se llevará a casa. Ahora, ¿a qué sería una locura que cada uno de nosotros anduviéramos por la calle con una pegatina en la frente en la que se nos describiera superficialmente? Entonces ¿a qué viene esa manía de los adultos para etiquetar a los más pequeños?, ¿cómo nos consideramos con el derecho de reducir tan solo a una cualidad a toda una persona?
Esta forma de hablar la tenemos casi todas las personas y no se sabe muy bien el por qué de su razón. Casi todo el mundo ha sufrido las consecuencias de su utilización sin embargo, ninguno aprende de ello y deja de hacerlo cuando tiene la oportunidad.
"¡Este niño es más trasto! Su hermana sin embargo, es mucho más tranquila". "¡Eres un desastre! No me extraña que tengas tan pocos amigos".
Una cuestión fundamental es: ¿por qué etiquetamos? He pensado tres posibles respuestas:
¿Qué efectos se consiguen si etiquetamos?
¿Cómo evitar esta forma de expresión?
Sólo manifestar desacuerdo por las actitudes que pueden ser molestas del niño (su conducta).
Darle a conocer que los comportamientos pueden cambiar y mejorar con nuestro esfuerzo, pero lo que realmente no queremos es cambiar su personalidad o sus cualidades.
Expresarle nuestra aceptación y aprecio y hacerle comprender que nos importa y afecta sus comportamientos, sentimientos y pensamientos.
Antes de educadores, padres o tutores somos personas, y es imprescindible hacerles comprender a nuestros alumnos/as de nuestra condición. Etiquetar a los pequeños es una mala actitud que tenemos muchos adultos, y podemos evitarla con nuestro esfuerzo. Si somos capaces de cambiar aún siendo ya mayores, ¡qué ejemplo estaríamos dando de perfeccionamiento a nuestros pequeños! No exijamos a los niños lo que no somos capaces de realizar nosotros mismos.
Me gustaría finalizar esta entrada con una cita sacada del libro (al igual que las demás citas) “El niño feliz” de Dorothy Corkille:
Esta forma de hablar la tenemos casi todas las personas y no se sabe muy bien el por qué de su razón. Casi todo el mundo ha sufrido las consecuencias de su utilización sin embargo, ninguno aprende de ello y deja de hacerlo cuando tiene la oportunidad.
"¡Este niño es más trasto! Su hermana sin embargo, es mucho más tranquila". "¡Eres un desastre! No me extraña que tengas tan pocos amigos".
Una cuestión fundamental es: ¿por qué etiquetamos? He pensado tres posibles respuestas:
- Porque al situarnos en una posición superior al de otra persona (padres, profesores,…), nos creemos con el derecho de juzgarla.
- Porque recibimos esas expresiones en nuestra infancia, y creemos que es adecuado repetirlas para formar una educación semejante a la que obtuvimos nosotros.
- Porque somos inconscientes de las repercusiones que estos juicios pueden acarrear al individuo afectado.
¿Qué efectos se consiguen si etiquetamos?
- “El niño aprende a pensar que su conducta es sinónimo de su persona”. “Cuando el valor personal depende de la realización, está sujeto a cancelación ante cada paso erróneo”.- Dorothy Corkille-
En vez de juzgar a la otra persona en su totalidad, hay que mencionar el acto en cuestión que realiza mal, o expresar que aquello que hace nos afecta. “Casi siempre se nos valora por lo que hacemos, y no por el hecho de que existamos” - El niño no se siente apreciado. “Los juicios son cortinas de humo que impiden el paso del amor”. “Los niños sobreviven en la aceptación, pero no florecen en ella”.- Dorothy Corkille-
El hecho de posicionarnos como jueces crea una distancia en la relación entre ambas personas. El niño puede sentirse aceptado pero nunca apreciado en estas circunstancias. - El niño no se siente comprendido. “En nuestra mayor parte, no somos irrespetuosos voluntariamente. Ocurre simplemente que olvidamos ponernos en el lugar de los niños” “La empatía consiste en oír con el corazón y no con el cerebro” “La empatía ayuda a dejar los juicios de lado”.- Dorothy Corkille-
¿Cómo evitar esta forma de expresión?
Sólo manifestar desacuerdo por las actitudes que pueden ser molestas del niño (su conducta).
Darle a conocer que los comportamientos pueden cambiar y mejorar con nuestro esfuerzo, pero lo que realmente no queremos es cambiar su personalidad o sus cualidades.
Expresarle nuestra aceptación y aprecio y hacerle comprender que nos importa y afecta sus comportamientos, sentimientos y pensamientos.
Antes de educadores, padres o tutores somos personas, y es imprescindible hacerles comprender a nuestros alumnos/as de nuestra condición. Etiquetar a los pequeños es una mala actitud que tenemos muchos adultos, y podemos evitarla con nuestro esfuerzo. Si somos capaces de cambiar aún siendo ya mayores, ¡qué ejemplo estaríamos dando de perfeccionamiento a nuestros pequeños! No exijamos a los niños lo que no somos capaces de realizar nosotros mismos.
Me gustaría finalizar esta entrada con una cita sacada del libro (al igual que las demás citas) “El niño feliz” de Dorothy Corkille:
“Si tratara yo a mis amigos como lo hago con mis hijos, ¿cuántos amigos tendría?”
Psicoballet.
Ayer en clase de Bases Psicopedagógicas de la Educación Especial vi un video que me emocionó en más de una ocasión. Trataba de un centro de deficientes mentales que se expresaban mediante la danza y el baile. El aprendizaje parte desde ellos mismos, desde sus propias capacidades. Esto hace que el individuo no se frustre tanto ya que no se le exige más de lo que pueda o quiera hacer. Os adjunto un resúmen del video. En él aparecen como narradores principales Matilde (una profesional de la danza), el director de teatro y una psicóloga. Ésta dice que se sorprendió ante la idea de Matilde de hacer esta actividad, ya que la psicología hasta entonces se entendía como el estudio "exclusivo" de las deficiencias de estos individuos pero nunca desde lo que podrían llegar a avanzar, ni desarrollar como personas. Mediante este proyecto se dan cuenta que personas con tales "retrasos" son capaces de mejorar sus cualidades o emplearlas para su expresión ya que rompen su barrera emocional que tenían hasta el momento. Son capaces de memorizar y coordinar sus pasos como los de sus compañeros durante toda la representación.
"Se une el arte con la psicología" "Medicina para el alma" "Abandonar las creencias de la psicología para centrarnos en el arte", "la silla de ruedas se deja en el vestuario",..."Es realmente conmovedor ver como poco a poco se van desenvolviendo en la vida. Se convierten en personas independientes más felices, porque hacen las cosas por ellos mismos" Es cierto lo que dicen, ¡vale que tengan una deficiencia! pero tienen derecho a expresar lo que sienten o piensen. Dejemos de repetirles lo que no pueden hacer. Tiene derecho a ser libres.
Muchos padres, como mencionan en el video, quieren que sus hijos sean libres para que hagan lo que quieren que hagan. Sin embargo, en este centro se les ayuda a que hagan las cosas, y si lo necesita pues se les acompaña. "Permitir que sean distintos"
[youtube=http://www.youtube.com/v/2WHjIozMYyc&]
"Se une el arte con la psicología" "Medicina para el alma" "Abandonar las creencias de la psicología para centrarnos en el arte", "la silla de ruedas se deja en el vestuario",..."Es realmente conmovedor ver como poco a poco se van desenvolviendo en la vida. Se convierten en personas independientes más felices, porque hacen las cosas por ellos mismos" Es cierto lo que dicen, ¡vale que tengan una deficiencia! pero tienen derecho a expresar lo que sienten o piensen. Dejemos de repetirles lo que no pueden hacer. Tiene derecho a ser libres.
Muchos padres, como mencionan en el video, quieren que sus hijos sean libres para que hagan lo que quieren que hagan. Sin embargo, en este centro se les ayuda a que hagan las cosas, y si lo necesita pues se les acompaña. "Permitir que sean distintos"
[youtube=http://www.youtube.com/v/2WHjIozMYyc&]
lunes, 22 de febrero de 2010
Este niño funciona así
El pasado fin de semana, unos amigos me preguntaron en qué medida puede influir un profesor en el desarrollo del niño y cuál es su limitación al respecto. En contestación diré que un profesor desde que desea serlo debe tener muy en cuenta la influencia que va a ejercer sobre el alumno. Esta no es tarea fácil, es más si piensas que vas a estar libre de cargos y responsabilidades, te digo que esta no es tu profesión. Quien se piensa que el profesor solo tiene que llevarse bien con los niños, ser un “colega”, esta muy confundido.
Las limitaciones en este campo, yo las consideraría más bien morales. Cada profesor decidirá cuánto va a poner de su parte en la relación educativa y hasta que punto va a dedicar sus esfuerzos al aula.
¿Por qué un profesor tiene que influir? La razón fundamental es que le importa el desarrollo del niño. Si nos diera igual lo que le suceda al alumno y qué va a ser de él, sólo nos centraríamos en la transmisión de conocimientos. Pero la Educación es mucho más que eso, es más que aprender contenidos o conceptos, también es aprender valores morales.
Si un profesor influye en el alumno, ¿ya se le puede considerar buen profesor? Esta claro que no, una persona puede influir tanto para el bien del alumno como para sí mismo. La función principal del profesor no es beneficiarse del acto educativo. Siempre será el alumno quién recibirá las “ganancias” de la Enseñanza.
Esto me recuerda lo que me sucedió el día que fui al Museo Reina Sofia con un grupo de 20 niños de 4 a 10 años. Acompañaba a las coordinadoras juveniles de mi localidad, mi función como monitora voluntaria era organizar los grupos, estar pendientes de los chavales y hacer todo aquello que la situación me “pidiera”.
Cuando subimos al museo teníamos que hacer una gran fila india. Uno de los niños no hizo caso. Había pasado toda la mañana aislado del grupo aún teniendo a su hermano pequeño en él. Siempre miraba al suelo y no quería hablar con nadie. Una de las coordinadoras le agarró del brazo y dándole un tirón dijo: “Laura, Este niño funciona así”. Me había visto observándolo y quería darme una lección de “cómo” actuar con este “tipo” de niños. Su forma de “resolver” la situación no me gustó en absoluto. Esta claro que es la manera más fácil de arreglar el problema (llevar el control sobre todo el grupo, para que ninguno se perdiera). Aún así, ella era más mayor que yo, y por lo tanto me ganaba en experiencia y también...¿en sabiduría? No lo se, pero obte por seguir observando la situación y comprender de alguna forma la actitud que tenia el chico en relación al grupo.
Era un niño de unos 7 años. Tenía los ojos muy cerrados y unas ojeras de espanto. Me parecía un tanto siniestro el aspecto que tenía, quizá por el contraste de su piel blanca con las ojeras moradas. Le había preguntado varias veces su nombre pero no me respondía. Estaba claro que prestarle atención no le gustaba en absoluto, se sentía intimidado. Quería que le diera un poco de espacio.
Fue en el ascensor cuando se me ocurrió comentar algo. No me pregunteis cómo se me ocurrió, lo que tengo claro es que si lo dije fue por que sabía que iba a hacer efecto en él aunque no sabía muy bien de qué tipo. Dije lo siguiente:
"Dios, que altos estamos desde aquí ¿verdad? ¡Madre Mia! Y que enanas son esas personas de allí, ¡Si parecen hormigas!”
Y fue entonces cuando vi, por primera vez en toda la mañana una reacción en él, se reía tímidamente. Me llamó la atención su sonrisa un tanto pícara. Cogí al vuelo que ese era el tipo de bromas que le gustaban a él. Aún así, no hice ninguna muestra que reflejara mi interés hacia él.
Fue a la salida cuando ocurrió lo más sorprendente de toda la mañana, tuve mi primera conversación con él. Y en tres frases descubrí el meollo del asunto. Cuando salimos del museo era “la hora del bocadillo”, un recreo pero en la entrada del Reina Sofia. Estaba preocupada ya que había una exposición de Arte Contemporáneo algo peligrosa para los niños. Consistía en unas infraestructuras de hierro que giraban en torno a sí mismas. El niño del cual os hablo, fue el primero que se acercó a ellas, y los demás no tardarón en seguirle. Para alejarlos de allí, y conociendo el humor del chico dije:
"¡Cuidado! ¡¡¡No os pongais tan cerca de esos barrotes!!! Porque os pasará lo mismo que a mi pobre amigo Fran” Lo dije dramatizando bastante y todos los niños contestarón: “¿y qué le pasó?”
"Pues de taaanto acercarse a eso que estais viendo, se hizo un chichon enooorme en la cabeza, ¡tan grande!, ¡tan grande! ¡Que luego no le entraba la gorra!” contesté. Todos se rieron y se fueron del sitio, menos ese niño que me contestó: "Claro, y te revienta la cabeza. Y se te sale el cerebro, y llenas a los demás de sangre”
Nunca le había visto tan animado. No escatimaba en detalles. Sinceramente, estaba realmente asustada por las barbaridades que me estaba contando, pero en el fondo me alegré de que fuera capaz de expresarse. Que se sintiera agusto hablando con alguien. Le pregunte: “¿Cómo es qué tienes tanta imaginación?” a lo que me contestó: "Es que por la noche mi padre me deja ver la tele hasta muy tarde, y veo muchas películas de miedo.”
Creo que no cuesta tanto escuchar a un niño que pide ser escuchado. Solo hay que tener un poco de tacto.
En relación a la introducción que he dado, en esta experiencia se muestran 3 maneras de influir al chico: la que ejerce la coordinadora (que le da el tirón en el brazo para que RÁPIDAMENTE se incorporé al grupo), su padre (que le pone el televisor en vez de contarle un cuento antes de dormir) y yo (al hacerle bromas de ese tipo, escuchándolo y sin mostrar en ningún momento rechazo por sus comentarios).
Las limitaciones en este campo, yo las consideraría más bien morales. Cada profesor decidirá cuánto va a poner de su parte en la relación educativa y hasta que punto va a dedicar sus esfuerzos al aula.
¿Por qué un profesor tiene que influir? La razón fundamental es que le importa el desarrollo del niño. Si nos diera igual lo que le suceda al alumno y qué va a ser de él, sólo nos centraríamos en la transmisión de conocimientos. Pero la Educación es mucho más que eso, es más que aprender contenidos o conceptos, también es aprender valores morales.
Si un profesor influye en el alumno, ¿ya se le puede considerar buen profesor? Esta claro que no, una persona puede influir tanto para el bien del alumno como para sí mismo. La función principal del profesor no es beneficiarse del acto educativo. Siempre será el alumno quién recibirá las “ganancias” de la Enseñanza.
Esto me recuerda lo que me sucedió el día que fui al Museo Reina Sofia con un grupo de 20 niños de 4 a 10 años. Acompañaba a las coordinadoras juveniles de mi localidad, mi función como monitora voluntaria era organizar los grupos, estar pendientes de los chavales y hacer todo aquello que la situación me “pidiera”.
Cuando subimos al museo teníamos que hacer una gran fila india. Uno de los niños no hizo caso. Había pasado toda la mañana aislado del grupo aún teniendo a su hermano pequeño en él. Siempre miraba al suelo y no quería hablar con nadie. Una de las coordinadoras le agarró del brazo y dándole un tirón dijo: “Laura, Este niño funciona así”. Me había visto observándolo y quería darme una lección de “cómo” actuar con este “tipo” de niños. Su forma de “resolver” la situación no me gustó en absoluto. Esta claro que es la manera más fácil de arreglar el problema (llevar el control sobre todo el grupo, para que ninguno se perdiera). Aún así, ella era más mayor que yo, y por lo tanto me ganaba en experiencia y también...¿en sabiduría? No lo se, pero obte por seguir observando la situación y comprender de alguna forma la actitud que tenia el chico en relación al grupo.
Era un niño de unos 7 años. Tenía los ojos muy cerrados y unas ojeras de espanto. Me parecía un tanto siniestro el aspecto que tenía, quizá por el contraste de su piel blanca con las ojeras moradas. Le había preguntado varias veces su nombre pero no me respondía. Estaba claro que prestarle atención no le gustaba en absoluto, se sentía intimidado. Quería que le diera un poco de espacio.
Fue en el ascensor cuando se me ocurrió comentar algo. No me pregunteis cómo se me ocurrió, lo que tengo claro es que si lo dije fue por que sabía que iba a hacer efecto en él aunque no sabía muy bien de qué tipo. Dije lo siguiente:
"Dios, que altos estamos desde aquí ¿verdad? ¡Madre Mia! Y que enanas son esas personas de allí, ¡Si parecen hormigas!”
Y fue entonces cuando vi, por primera vez en toda la mañana una reacción en él, se reía tímidamente. Me llamó la atención su sonrisa un tanto pícara. Cogí al vuelo que ese era el tipo de bromas que le gustaban a él. Aún así, no hice ninguna muestra que reflejara mi interés hacia él.
Fue a la salida cuando ocurrió lo más sorprendente de toda la mañana, tuve mi primera conversación con él. Y en tres frases descubrí el meollo del asunto. Cuando salimos del museo era “la hora del bocadillo”, un recreo pero en la entrada del Reina Sofia. Estaba preocupada ya que había una exposición de Arte Contemporáneo algo peligrosa para los niños. Consistía en unas infraestructuras de hierro que giraban en torno a sí mismas. El niño del cual os hablo, fue el primero que se acercó a ellas, y los demás no tardarón en seguirle. Para alejarlos de allí, y conociendo el humor del chico dije:
"¡Cuidado! ¡¡¡No os pongais tan cerca de esos barrotes!!! Porque os pasará lo mismo que a mi pobre amigo Fran” Lo dije dramatizando bastante y todos los niños contestarón: “¿y qué le pasó?”
"Pues de taaanto acercarse a eso que estais viendo, se hizo un chichon enooorme en la cabeza, ¡tan grande!, ¡tan grande! ¡Que luego no le entraba la gorra!” contesté. Todos se rieron y se fueron del sitio, menos ese niño que me contestó: "Claro, y te revienta la cabeza. Y se te sale el cerebro, y llenas a los demás de sangre”
Nunca le había visto tan animado. No escatimaba en detalles. Sinceramente, estaba realmente asustada por las barbaridades que me estaba contando, pero en el fondo me alegré de que fuera capaz de expresarse. Que se sintiera agusto hablando con alguien. Le pregunte: “¿Cómo es qué tienes tanta imaginación?” a lo que me contestó: "Es que por la noche mi padre me deja ver la tele hasta muy tarde, y veo muchas películas de miedo.”
Creo que no cuesta tanto escuchar a un niño que pide ser escuchado. Solo hay que tener un poco de tacto.
En relación a la introducción que he dado, en esta experiencia se muestran 3 maneras de influir al chico: la que ejerce la coordinadora (que le da el tirón en el brazo para que RÁPIDAMENTE se incorporé al grupo), su padre (que le pone el televisor en vez de contarle un cuento antes de dormir) y yo (al hacerle bromas de ese tipo, escuchándolo y sin mostrar en ningún momento rechazo por sus comentarios).
jueves, 18 de febrero de 2010
A Margarita Robleda
Escritora de libros infantiles, y más que eso, una bellísima persona. Lleno el año pasado la clase de alegría con sus metáforas, con sus pequeños cuentos y adivinanzas. Aquí os dejo su dirección:
http://www.margaritarobleda.blogspot.com/ ... y algo más, un comentario que la escribi hace tiempo. Quizás así vivais un poco más de cerca este recuerdo.
http://www.margaritarobleda.blogspot.com/ ... y algo más, un comentario que la escribi hace tiempo. Quizás así vivais un poco más de cerca este recuerdo.
¡WUAUUUUUUU! y me convertí en perro.¡ Sí! fui una de las alumnas que cambió sus ojos por platos para llenarse del delicioso manjar que es la vitalidad que nos transmitiste. Sí, me pareció deliciosa tu conversación y no era más que este articulo no estuviera a su altura. Te contaré un secreto Margarita, yo no soy ranita, soy una ardilla que se queda embobada en las alturas viendo las pocas personas que pasean felices por los parques, ¡¿ pero cuándo nos daremos cuenta de lo que tenemos a nuestro lado!? solo nos fijamos en lo malo, ¿no es cierto?
Fan de Amelie, soy de las que persiguen los detalles, que son la esencia de la vida... ¡¿qué es de ella sin una sonrisa, una mirada...esas pequeñas cosas que pasan tan inadvertido?! Soy una esponja que se llena de gotitas que va conociendo por el camino. Tan fuerte cuando se empapa, tan frágil cuando la vacían.
Te hice una pregunta: "¿Qué pasa si intentas ver las cosas, aunque sean muy difíciles, posibles?¿no es verdad que mucha gente te dice que tires la toalla?" Estando tan sola de monitora ya escuche esto más de una vez "déjalo, el niño es así", "él entiende por castigos", imagínate cuando sea "profesora-novata" llena de ilusión por la enseñanza. Me regalaste una respuesta, una frase que guardo como oro en paño y que en tan solo unos meses ya varias veces he mencionado: "Aunque la carrera sea díficil, aunque esté llena de obstáculos... lo último que tienes que olvidar es la meta"
Yo te regalo un ladrido de perro ¡WUAUUUUUUU! y si tú me permites, un dibujo sobre el cuento que tu prefieras. Sería un honor dedicarte uno.
domingo, 14 de febrero de 2010
Receta para ser un buen profesor
Llevo desde el primer día de clase de Bases pedagógicas de la Educación queriendo escribir esta “entrada” a raíz de conocer los 10 mandamientos de Luis Pumares. Se trata de una pequeña receta que he inventado y en la que se consigue un excelente pastel… quiero decir docente.
Los ingredientes son los siguientes:
En un bol mezclar los ingredientes claves para realizar el bizcocho: 1 vaso de vocación y 5 cucharadas de cercanía emocional. Dichos elementos deben ir bien mezclados para obtener una buena base sobre la que se echarán los demás ingredientes.
Mientras que la base toma su forma en el horno, batir con esmero y consistencia 50 gramos de conocimientos y todo el dinamismo que tengamos en la cocina. Hay que tener cuidado de que no se corte dicha mezcla, ya que si echamos a perder el dinamismo podríamos formar un maestro tradicional que realizaría la misma metodología durante su vida laboral, y no queremos eso.
Una vez sacamos el bizcocho del horno, lo cortamos por la mitad para llenarlo de la crema realizada anteriormente.
En otro recipiente mezclaremos 3 cucharadas de optimismo, 50 gramos de comprensión y 50 gramos de paciencia. Con el resultado bañaremos el pastel y lo dejaremos enfriar en el frigorífico, de tal manera que todos los componentes del bizcocho queden consistentes, manteniendo sus propiedades.
Cuando saquemos el pastel adornaremos la superficie con virutas de creatividad y entusiasmo.
¡Y ya tenemos a un docente bien fresquito, listo para realizar su tarea educativa!\n\n
Los ingredientes son los siguientes:
- 1 vaso de vocación.
- 5 cucharadas de cercanía emocional.
- 50 gramos de conocimientos.
- Dinamismo (cuanto más mejor).
- cucharadas de optimismo.
- 50 gramos de comprensión.
- 50 gramos de paciencia.
- Virutas de creatividad y entusiasmo.
En un bol mezclar los ingredientes claves para realizar el bizcocho: 1 vaso de vocación y 5 cucharadas de cercanía emocional. Dichos elementos deben ir bien mezclados para obtener una buena base sobre la que se echarán los demás ingredientes.
Mientras que la base toma su forma en el horno, batir con esmero y consistencia 50 gramos de conocimientos y todo el dinamismo que tengamos en la cocina. Hay que tener cuidado de que no se corte dicha mezcla, ya que si echamos a perder el dinamismo podríamos formar un maestro tradicional que realizaría la misma metodología durante su vida laboral, y no queremos eso.
Una vez sacamos el bizcocho del horno, lo cortamos por la mitad para llenarlo de la crema realizada anteriormente.
En otro recipiente mezclaremos 3 cucharadas de optimismo, 50 gramos de comprensión y 50 gramos de paciencia. Con el resultado bañaremos el pastel y lo dejaremos enfriar en el frigorífico, de tal manera que todos los componentes del bizcocho queden consistentes, manteniendo sus propiedades.
Cuando saquemos el pastel adornaremos la superficie con virutas de creatividad y entusiasmo.
¡Y ya tenemos a un docente bien fresquito, listo para realizar su tarea educativa!\n\n
Mi experiencia educativa como alumna
Sinceramente, de todos los docentes que he conocido durante mi vida son pocos los que me hayan marcado significativamente.
En Educación Primaria tuve de profesor a Luis que fue mi tutor durante 2 años. Todas mis compañeras estaban enamoradas de él y no es de extrañar, era muy bueno con nosotr@s. Nos animaba a estudiar, era muy simpático y daba un trato especial a cada uno de nosotros.
En 6º de Primaria todo esto cambio, nos tocó con Máximo (el director en ese momento). Era bastante antipático y estricto, nos exigía muchos conocimientos y nos sentíamos frustrados porque no alcanzábamos el ritmo que nos imponía. Pasábamos por tales presiones que nuestros padres se reunieron con él. Éste justificaba su manera de enseñar a que “debíamos estar preparados para el instituto”. Actualmente no recuerdo nada de lo que tuve que memorizar durante esos años.
Más tarde en 2º de la E.S.O tuve una profesora también con bastante carácter: Trinidad Jimenez. Nos daba Lengua y Literatura Española. Nos exigía mucho en las clases, sin embargo no de la misma manera que Máximo. No se conformaba con lo 1º que hacíamos, nos decía que teníamos que buscar más en nosotros mismos para sacar los resultados acorde con nuestras capacidades reales. En ese momento no se me daba muy bien la sintaxis. Ella no se rindió conmigo. Cuanto más me quejaba: “No se me da bien, no me gusta,…” más ejercicios me mandaba, más me explicaba y más me sacaba a la pizarra. Gracias a ello, saqué excelentes resultados en sintaxis en los años posteriores, incluso en bachillerato y en periodismo (sin apenas tocar un libro desde entonces). Gracias a ella, me empezaron a atraer las letras.
En ese mismo año tuve de tutor a Juan Antonio Alvarado, una de las personas más influyentes en mi vida académica. No se me olvidará lo que dijo el primer día nada más entrar al aula: “Soy vuestro tutor. Quiero que me habléis de usted, porque es una muestra de respeto hacia mi persona. Quiero que me respetéis como yo os respetaré a vosotros”. ¡Quién diría que tras esa apariencia de hombre autoritario había un docente recién sacado de la facultad con unas ganas tremendas de sacar lo mejor de nosotros! También nos mandaba muchas tareas. Consiguió que nos tomáramos los estudios como una competición en la que el único rival somos nosotros mismos, en la que la meta era apreciar la etapa educativa como medio para aprender sobre la vida, la naturaleza,… En esos momentos no sabía que quiera ser de mayor así que le pregunte: “Mis padres quieren que sea administrativa, ¿eso esta bien?” A lo que me respondió “Tú puedes hacer mucho más que eso”. Esa misma tarde, sentada en el sofá mirando las noticias me dije: “¿y periodista?”. Cuando se lo comenté a mi tutor me respondió “me parece estupendo, Laura. Es un oficio muy bonito en el que aprenderás muchísimo”. Algunas personas se cuestionarán si realmente estas palabras pudieron provocar en mí tal influencia como para decidir mi futuro oficio, pero ya les digo que si fue así. Desde entonces lo sabía, quería ser periodista. Y lo que tenía aún más claro, quería dedicarme a algo en el que todos los días aprendiera cosas nuevas. Gracias a Luis, Trini y Juan descubrí el amor al saber.
Los años siguientes tuve muchos profesores, pero ninguno de ellos me influyó. De algún modo acabaron pasando por mi “colador personal”, es decir, sólo aparecieron en mi vida en un momento educativo y cuando éste finalizó también lo hicieron en mi recuerdo.
El siguiente docente influyente en mi vida “vive en esta casa”: David Reyero. Después de un año, perdida en Periodismo, encontré mi verdadera vocación gracias a mi experiencia como monitora. A mi parecer, no hay otra manera de saber que esto es lo nuestro que mediante la práctica educativa. El año pasado David me dio Teorías e Instituciones Contemporáneas de la Educación y consiguió que me interesara por una asignatura que a primera vista parecía horrible. Debatí, reflexioné, escribí mis planteamientos a raíz de sus clases. Empecé a leer sobre Educación fuera de estas paredes y descubrí un mundo abierto a infinidad de saberes, perspectivas, posibilidades. Mediante la lectura de autores señalados en este campo me di cuenta de que había cosas de las que ya se había escrito antes de que me las planteara. De que no somos tan distintos a pesar de corresponder a distintas épocas, sociedades y de tener diferente edad. Al final tenemos cuestiones y dilemas semejantes. Empecé a indagar más en mi futura profesión desde un punto de vista pedagógico, incluso llegué a plantearme continuar mis estudios una vez terminada la carrera: pedagogía, educación especial,… ¿quizás doctorarme? Él me dijo una vez algo que no olvidaré jamás: “Quizás la Sociedad pierda más si te quedaras en esta facultad. Hacen falta buenos maestros, créeme”. Es cierto, si no partimos desde la base estamos perdidos. Es fundamental que hayan docentes animados, creativos, entusiastas, ilusionados en Educación Primaria (aunque también haga falta en esta facultad).
Miguel Ángel decía que la obra de arte se escondía dentro del bloque de mármol, que él únicamente se encargaba de quitar lo restante. Puede ser que estas personas me hayan librado de esos residuos que me hacía sentirme vacía. Consiguieron hacerme ver las cualidades que tengo y me dieron fuerzas para expresarme sin temor a ser rechazada.
Gracias a estos docentes y otros tantos más, tengo el deseo de transmitir esta pasión por el aprendizaje, algo mucho más transcendental que los meros conocimientos memorísticos.
En Educación Primaria tuve de profesor a Luis que fue mi tutor durante 2 años. Todas mis compañeras estaban enamoradas de él y no es de extrañar, era muy bueno con nosotr@s. Nos animaba a estudiar, era muy simpático y daba un trato especial a cada uno de nosotros.
En 6º de Primaria todo esto cambio, nos tocó con Máximo (el director en ese momento). Era bastante antipático y estricto, nos exigía muchos conocimientos y nos sentíamos frustrados porque no alcanzábamos el ritmo que nos imponía. Pasábamos por tales presiones que nuestros padres se reunieron con él. Éste justificaba su manera de enseñar a que “debíamos estar preparados para el instituto”. Actualmente no recuerdo nada de lo que tuve que memorizar durante esos años.
Más tarde en 2º de la E.S.O tuve una profesora también con bastante carácter: Trinidad Jimenez. Nos daba Lengua y Literatura Española. Nos exigía mucho en las clases, sin embargo no de la misma manera que Máximo. No se conformaba con lo 1º que hacíamos, nos decía que teníamos que buscar más en nosotros mismos para sacar los resultados acorde con nuestras capacidades reales. En ese momento no se me daba muy bien la sintaxis. Ella no se rindió conmigo. Cuanto más me quejaba: “No se me da bien, no me gusta,…” más ejercicios me mandaba, más me explicaba y más me sacaba a la pizarra. Gracias a ello, saqué excelentes resultados en sintaxis en los años posteriores, incluso en bachillerato y en periodismo (sin apenas tocar un libro desde entonces). Gracias a ella, me empezaron a atraer las letras.
En ese mismo año tuve de tutor a Juan Antonio Alvarado, una de las personas más influyentes en mi vida académica. No se me olvidará lo que dijo el primer día nada más entrar al aula: “Soy vuestro tutor. Quiero que me habléis de usted, porque es una muestra de respeto hacia mi persona. Quiero que me respetéis como yo os respetaré a vosotros”. ¡Quién diría que tras esa apariencia de hombre autoritario había un docente recién sacado de la facultad con unas ganas tremendas de sacar lo mejor de nosotros! También nos mandaba muchas tareas. Consiguió que nos tomáramos los estudios como una competición en la que el único rival somos nosotros mismos, en la que la meta era apreciar la etapa educativa como medio para aprender sobre la vida, la naturaleza,… En esos momentos no sabía que quiera ser de mayor así que le pregunte: “Mis padres quieren que sea administrativa, ¿eso esta bien?” A lo que me respondió “Tú puedes hacer mucho más que eso”. Esa misma tarde, sentada en el sofá mirando las noticias me dije: “¿y periodista?”. Cuando se lo comenté a mi tutor me respondió “me parece estupendo, Laura. Es un oficio muy bonito en el que aprenderás muchísimo”. Algunas personas se cuestionarán si realmente estas palabras pudieron provocar en mí tal influencia como para decidir mi futuro oficio, pero ya les digo que si fue así. Desde entonces lo sabía, quería ser periodista. Y lo que tenía aún más claro, quería dedicarme a algo en el que todos los días aprendiera cosas nuevas. Gracias a Luis, Trini y Juan descubrí el amor al saber.
Los años siguientes tuve muchos profesores, pero ninguno de ellos me influyó. De algún modo acabaron pasando por mi “colador personal”, es decir, sólo aparecieron en mi vida en un momento educativo y cuando éste finalizó también lo hicieron en mi recuerdo.
El siguiente docente influyente en mi vida “vive en esta casa”: David Reyero. Después de un año, perdida en Periodismo, encontré mi verdadera vocación gracias a mi experiencia como monitora. A mi parecer, no hay otra manera de saber que esto es lo nuestro que mediante la práctica educativa. El año pasado David me dio Teorías e Instituciones Contemporáneas de la Educación y consiguió que me interesara por una asignatura que a primera vista parecía horrible. Debatí, reflexioné, escribí mis planteamientos a raíz de sus clases. Empecé a leer sobre Educación fuera de estas paredes y descubrí un mundo abierto a infinidad de saberes, perspectivas, posibilidades. Mediante la lectura de autores señalados en este campo me di cuenta de que había cosas de las que ya se había escrito antes de que me las planteara. De que no somos tan distintos a pesar de corresponder a distintas épocas, sociedades y de tener diferente edad. Al final tenemos cuestiones y dilemas semejantes. Empecé a indagar más en mi futura profesión desde un punto de vista pedagógico, incluso llegué a plantearme continuar mis estudios una vez terminada la carrera: pedagogía, educación especial,… ¿quizás doctorarme? Él me dijo una vez algo que no olvidaré jamás: “Quizás la Sociedad pierda más si te quedaras en esta facultad. Hacen falta buenos maestros, créeme”. Es cierto, si no partimos desde la base estamos perdidos. Es fundamental que hayan docentes animados, creativos, entusiastas, ilusionados en Educación Primaria (aunque también haga falta en esta facultad).
Miguel Ángel decía que la obra de arte se escondía dentro del bloque de mármol, que él únicamente se encargaba de quitar lo restante. Puede ser que estas personas me hayan librado de esos residuos que me hacía sentirme vacía. Consiguieron hacerme ver las cualidades que tengo y me dieron fuerzas para expresarme sin temor a ser rechazada.
Gracias a estos docentes y otros tantos más, tengo el deseo de transmitir esta pasión por el aprendizaje, algo mucho más transcendental que los meros conocimientos memorísticos.
Toda la vida seguimos siendo el alumno del maestro que nos ha abierto la puerta del saber. Nosotros somos los encargados de hacer vivir a los demás el acto creador que hemos vivido.-Philippe Meirieu-
Escuela de maestros
Vuelta a la rutina y me encuentro con la sorpresa que mis ánimos por empezar de nuevo se ven derrumbados en un momento. Al menos la primera clase me dio las fuerzas suficientes para encontrarme con lo siguiente.
Este cuatrimestre nos asignaron a un diferente docente para una asignatura y ¡qué decir!, ¡tiene hasta sus propios mandamientos! El 1º y no menos importante: "Amar a Luis por encima de todas las cosas", ¿previsible? No mucho.
Hay dos momentos importantes en la carrera "antes y después" de conocerme.
Quizás no se equivoque del todo. Aunque no se asemeja mucho a mi teoría "el momento más importante de la carrera es cuando decides aprender más fuera de ella".
Tuvimos que presentarnos: ¿por qué esta carrera?, ¿trabajas? ¡Qué paradoja! Hora y media más tarde otro docente me diría en contestación a que no podía asistir a algunas de sus clases "o se trabaja, o se estudia, o una cosa u otra, pero no las dos cosas a la vez”, “Es que si no trabajo no podría estudiar”, "no es asunto mío". No se si me molestó más lo que me dijo, o su modos... Sí, fueron sus modos. Menudo maleducado. Algunas veces me pregunto como es posible que en una misma instalación trabajen personas tan diferentes. Estoy a favor de la diversidad, pero algunas veces, no tanto. Unos que les parece interesar nuestra situación o visión de las cosas (o al menos lo aparentan), otros que les parecen irrelevantes todos aquellos aspectos que no sea su disciplina.
"Respetar a todos y cada uno de ellos". Me parece bien empezar por ahí. No espero eso en mi carrera, ¡qué tontería!, somos ya adultos para esperar a un buen docente que nos de ejemplo de lo que debemos hacer ¿no? Quizás tengas razón: "en la facultad aprendes a no hacer todo lo que os enseñan". Habrá gente que piense que mediante presiones, exigencias y poco trato personal maduremos y seamos buenos maestros en un futuro. Como los que piensan que se aprende más superando “malos ratos”. Yo lo llegué a pensar en su día, ahora sé que es mentira. No hay mejor manera de aprender en la vida que mediante experiencias positivas que te animen a dar el primer paso, a esforzarte, a animarte por lo que vas a llegar a ser y a tener tanta fuerza y optimismo que podrías superar cualquier obstáculo, por difícil que sea.
Una chica se quejaba del profesorado por no enseñarnos metodologías. No creo que ese sea el problema de nuestra facultad. Lo peor de todo es la falta de vocación de nuestros docentes. Parecen que estuvieran perdidos, desganados, desmotivados por su oficio, enojados con el mundo,... Es deprimente ver en lo que podemos llegar a convertirnos. Es muy deprimente. Falta de entusiasmo, de profesionalidad, de perspectiva, de energía,...La misma metodología durante años, desgana por aprender el nombre de sus alumnos, poca ilusión, prepotencia, infravaloración de las capacidades de sus educandos,...
¿Y qué pasa si el docente olvida que su profesión es básicamente moral?, ¿querrá engendrar valores o meros conocimientos?, ¿querrá crear personas buenas y sociales o los sabios que siempre desearon ser?
Realmente dudo que usted escogiera magisterio por elección de su madre, y si fue así ¡menuda suerte! Porque a mi parecer, esta destinado a serlo. Es raro ver a un hombre emocionarse por su trabajo pasados los años.
En fin, menudo día. Por una parte me he emocionado en más de una ocasión escuchando a un docente hablar de nuestra profesión... por otra, me he hundido cuando otro profesor no me ha dado ninguna posibilidad de aprobar su asignatura por el hecho de trabajar, sin conocer mis circunstancias.
Este cuatrimestre nos asignaron a un diferente docente para una asignatura y ¡qué decir!, ¡tiene hasta sus propios mandamientos! El 1º y no menos importante: "Amar a Luis por encima de todas las cosas", ¿previsible? No mucho.
Hay dos momentos importantes en la carrera "antes y después" de conocerme.
Quizás no se equivoque del todo. Aunque no se asemeja mucho a mi teoría "el momento más importante de la carrera es cuando decides aprender más fuera de ella".
Tuvimos que presentarnos: ¿por qué esta carrera?, ¿trabajas? ¡Qué paradoja! Hora y media más tarde otro docente me diría en contestación a que no podía asistir a algunas de sus clases "o se trabaja, o se estudia, o una cosa u otra, pero no las dos cosas a la vez”, “Es que si no trabajo no podría estudiar”, "no es asunto mío". No se si me molestó más lo que me dijo, o su modos... Sí, fueron sus modos. Menudo maleducado. Algunas veces me pregunto como es posible que en una misma instalación trabajen personas tan diferentes. Estoy a favor de la diversidad, pero algunas veces, no tanto. Unos que les parece interesar nuestra situación o visión de las cosas (o al menos lo aparentan), otros que les parecen irrelevantes todos aquellos aspectos que no sea su disciplina.
"Respetar a todos y cada uno de ellos". Me parece bien empezar por ahí. No espero eso en mi carrera, ¡qué tontería!, somos ya adultos para esperar a un buen docente que nos de ejemplo de lo que debemos hacer ¿no? Quizás tengas razón: "en la facultad aprendes a no hacer todo lo que os enseñan". Habrá gente que piense que mediante presiones, exigencias y poco trato personal maduremos y seamos buenos maestros en un futuro. Como los que piensan que se aprende más superando “malos ratos”. Yo lo llegué a pensar en su día, ahora sé que es mentira. No hay mejor manera de aprender en la vida que mediante experiencias positivas que te animen a dar el primer paso, a esforzarte, a animarte por lo que vas a llegar a ser y a tener tanta fuerza y optimismo que podrías superar cualquier obstáculo, por difícil que sea.
Una chica se quejaba del profesorado por no enseñarnos metodologías. No creo que ese sea el problema de nuestra facultad. Lo peor de todo es la falta de vocación de nuestros docentes. Parecen que estuvieran perdidos, desganados, desmotivados por su oficio, enojados con el mundo,... Es deprimente ver en lo que podemos llegar a convertirnos. Es muy deprimente. Falta de entusiasmo, de profesionalidad, de perspectiva, de energía,...La misma metodología durante años, desgana por aprender el nombre de sus alumnos, poca ilusión, prepotencia, infravaloración de las capacidades de sus educandos,...
"El principal objeto de la educación, como el de toda disciplina moral, es engendrar felicidad" W.M.Growing
¿Y qué pasa si el docente olvida que su profesión es básicamente moral?, ¿querrá engendrar valores o meros conocimientos?, ¿querrá crear personas buenas y sociales o los sabios que siempre desearon ser?
Realmente dudo que usted escogiera magisterio por elección de su madre, y si fue así ¡menuda suerte! Porque a mi parecer, esta destinado a serlo. Es raro ver a un hombre emocionarse por su trabajo pasados los años.
En fin, menudo día. Por una parte me he emocionado en más de una ocasión escuchando a un docente hablar de nuestra profesión... por otra, me he hundido cuando otro profesor no me ha dado ninguna posibilidad de aprobar su asignatura por el hecho de trabajar, sin conocer mis circunstancias.
... antes de poder dibujar en el lienzo, me quitaron el pincel.
El niño feliz
Últimamente siento gran interés por los libros de autoayuda, que tratan de la seguridad personal y de las relaciones educativas. Después de leer “El poder sin límites” de Anthony Robbins quise retomar una obra que dejé aparcada durante unos meses. Esta se llama “El niño feliz” de Dorothy Corkille. Sin duda alguna, una de mis lecturas preferidas y a mi parecer, supera con creces al anterior en calidad literaria y emocional.
La escritora nos brinda todo su conocimiento y experiencia como educadora, psicóloga, consejera de matrimonios y familias, y como madre. Capítulo por capítulo nos relata la importancia de la relación educativa en el desarrollo del niño centrándose en cada uno de ellos en diferentes ámbitos.
La temática gira entorno al autorespeto y a la autoconfianza del individuo atendiendo a la influencia que recibe de su entorno. Por lo tanto, nos regala pautas a seguir para garantizar la felicidad del educando y educador.
Aprovechando la oportunidad de este dosier personal, escribiré a continuación las citas que he ido subrayando durante la lectura:
La escritora nos brinda todo su conocimiento y experiencia como educadora, psicóloga, consejera de matrimonios y familias, y como madre. Capítulo por capítulo nos relata la importancia de la relación educativa en el desarrollo del niño centrándose en cada uno de ellos en diferentes ámbitos.
La temática gira entorno al autorespeto y a la autoconfianza del individuo atendiendo a la influencia que recibe de su entorno. Por lo tanto, nos regala pautas a seguir para garantizar la felicidad del educando y educador.
Aprovechando la oportunidad de este dosier personal, escribiré a continuación las citas que he ido subrayando durante la lectura:
Entre el niño que funciona plenamente y la persona que marcha por la vida entre tropiezos existe una diferencia fundamental: La actitud de uno y otro hacia sí mismo; en su grado de autoestima.
Tener autoestima elevada es distinto al engreimiento ruidoso. Es un silencioso respeto por uno mismo
Lo que afecta el desarrollo del niño es su sentimiento de ser amado o no. La clave del éxito de los padres reside en ayudar a los niños a desarrollar altos niveles de autoestima.
Todo niño se valora a sí mismo tal como haya sido valorado.
Las palabras son menos importantes que los juicios que las acompañan.
Quien se ve perdedor espera fracasar y se comporta de tal manera que haces menos probable el éxito.
Las máscaras se emplean para ocultar un “yo” sin valor.
Por lo general, cuanto peor es el comportamiento de un niño, mayor es su anhelo de aprobación.
La autoestima NO es inamovible, pero tampoco es fácil modificarla.
La baja autoestima se encuentra ligada con el planteo a uno mismo de exigencias imposibles. Todo ser humano debe resultar coherente para sí mismo.
El autoconcepto se aprende, se hereda mediante experiencias positivas. Capacidad de reeducación.
La confianza del niño en sí mismo debe referirse a lo que él es realmente, y no a las imágenes de los demás.
El encuentro verdadero no es más que atención concentrada.
Lo opuesto del amor no es el odio, sino la indiferencia.
Cuando la curiosidad es tabú, el entusiasmo por aprender muere.
El crecimiento intelectual no se produce aparte del crecimiento emocional; ambos están ligados entre sí.
Según parece, para que el ser humano dé amor, primero tiene que recibirlo.
Tal vez no se encuentre lejos el momento en que los maestros queden realmente en libertad para transformarse en gente que aplique sus recursos al estímulo de la curiosidad natural de los niños.
El chico que sienta agrado por sí mismo busca relaciones totales, que alimenten la autoestima, y no contactos sin significado, que la deterioren.
El sexo empleado circunstancialmente siempre hiere a alguien, porque casi invariablemente una de las dos partes se liga emocionalmente a la otra.
Rara vez resultan constructivos los encuentros sin significado.
Los niños deben aprender a pensar por adelantado las consecuencias de sus acciones, para sí y para los demás. El pensar en la forma de superar las situaciones difíciles antes de que estas se presenten prepara a los jóvenes para no caer en ellas desprevenidos, ni tener que resolver en el calor de las emociones.La felicidad es estar satisfecho consigo mismo.
La importancia del tacto
Tuve una experiencia hace un par de años, en el campamento urbano de mi pueblo. Trabajaba de monitora con un grupo de 15 niños de cinco años de edad e íbamos a hacer la fiesta final de la quincena. Habíamos preparado una corta obra de teatro en la que participarían los niños y en la que sus padres asistirían a verlos y a grabarlos en video. Cada monitora acompañaba a un grupo pequeño de niños, yo estaba a cargo de dos niñas. Nosotras íbamos a ser los árboles. Nuestro papel consistía en estar quietas hasta que los niños disfrazados de fuego fueran a por nosotras, en ese momento teníamos que tirarnos al suelo.
Lo teníamos ensayado pero algo surgió de repente. Los niños mayores habían preparado en el otro extremo de la pista un pasadizo del terror. Una de las dos niñas lo pasó muy mal el año anterior al entrar y cuando vio de nuevo los adornos ella tuvo un pánico tremendo. Estaba muy nerviosa, y cuando llego “el fuego” no quería tirarse al suelo.
En ese momento tenia que actuar, los padres nos estaban grabando, los monitores estaban expectantes y no querían que nada saliera mal. Entonces se me ocurrió una idea. Me tire al suelo y la dije en bajito “túmbate, que vamos a buscar la pelota que perdimos el otro día en la red del techo”. No funciono y me miro triste. Busqué otra alternativa “venga, que no pasa nada, túmbate un rato conmigo y nos dormimos un poco, ¿te apetece?”. Y nada, esta vez estaba apunto de echarse a llorar. En el último momento, mientras que los demás me miraban extrañados la dije “ven aquí, dame un abrazo”. En ese momento se agacho sin pensarlo y me dio un abrazo.
La mejor de las respuestas, muchas veces, esta delante de nuestros propios ojos. El tacto es la solución a muchos conflictos que se nos presentan a diario. El tacto es el efecto positivo que tiene uno sobre otro. Éste tiene que ser recíproco, receptivo y sensible. De nada me hubiera servido decirle a aquella niña que me diera un abrazo si no es capaz de dármelo. No es solo el efecto, sino también la confianza que hay detrás para que la otra persona responda. Es la expresión al proteger, educar y ayudar a la otra persona y la influencia que hace en ella.
Lo teníamos ensayado pero algo surgió de repente. Los niños mayores habían preparado en el otro extremo de la pista un pasadizo del terror. Una de las dos niñas lo pasó muy mal el año anterior al entrar y cuando vio de nuevo los adornos ella tuvo un pánico tremendo. Estaba muy nerviosa, y cuando llego “el fuego” no quería tirarse al suelo.
En ese momento tenia que actuar, los padres nos estaban grabando, los monitores estaban expectantes y no querían que nada saliera mal. Entonces se me ocurrió una idea. Me tire al suelo y la dije en bajito “túmbate, que vamos a buscar la pelota que perdimos el otro día en la red del techo”. No funciono y me miro triste. Busqué otra alternativa “venga, que no pasa nada, túmbate un rato conmigo y nos dormimos un poco, ¿te apetece?”. Y nada, esta vez estaba apunto de echarse a llorar. En el último momento, mientras que los demás me miraban extrañados la dije “ven aquí, dame un abrazo”. En ese momento se agacho sin pensarlo y me dio un abrazo.
La mejor de las respuestas, muchas veces, esta delante de nuestros propios ojos. El tacto es la solución a muchos conflictos que se nos presentan a diario. El tacto es el efecto positivo que tiene uno sobre otro. Éste tiene que ser recíproco, receptivo y sensible. De nada me hubiera servido decirle a aquella niña que me diera un abrazo si no es capaz de dármelo. No es solo el efecto, sino también la confianza que hay detrás para que la otra persona responda. Es la expresión al proteger, educar y ayudar a la otra persona y la influencia que hace en ella.
sábado, 13 de febrero de 2010
El que no vale puede valer
Reivindico el derecho a soñar, a imaginar nuestro futuro conforme a nuestras capacidades y preferencias.
¡Todos tenemos un lugar en este mundo!
No quiero que me quiten las alas, y si llegara el caso, no hay problema. ¡Llevo otras de repuesto!
Confío en que siempre podemos mejorar, partiendo siempre de lo que sabemos. Pensando en un futuro NO frustrante e inalcanzable, NO pensando en lo mucho que desconocemos, sino en lo mucho que podemos llegar a aprender.
A medida que avanzamos nos daremos cuenta lo mucho que nos queda por descubrir, pero esto no debería entristecernos.
No supe que podría escribir hasta que tuve un lugar donde hacerlo.
Ofrezcamos un espacio donde desarrollar nuestro ingenio.
viernes, 12 de febrero de 2010
Exámenes
¿Cómo es posible que después de tantos años estudiando, llegue la época de exámenes y me parezca novedosa esta sensación de estrés/pereza permanente? Es como si una vez pasadas las pruebas uno se olvida de todo lo que ha pasado... que curioso.
Ahora que tengo la mente lúcida he sacado una frase en claro, y es la siguiente:
"Ahora o septiembre, cuánto más me esfuerce ahora mejor lo tendré para la repesca y más cerca estaré de alcanzar mi sueño".
Ahora que tengo la mente lúcida he sacado una frase en claro, y es la siguiente:
"Ahora o septiembre, cuánto más me esfuerce ahora mejor lo tendré para la repesca y más cerca estaré de alcanzar mi sueño".
martes, 2 de febrero de 2010
Lo más importante del curso.
Hoy he aprendido mucho en la clase de "Aprovechamiento del entorno natural y urbano". La profesora después de explicarnos algunas curiosidades de los ciclos hormonales de las plantas nos advirtió:
"Ahora os voy a explicar lo más importante de toda la asignatura. Podría deciros incluso que si os quedáis solo con esto me sentiría ya conforme".
Nos explicó que el ácido fólico o vitamina B9 que se encuentra en las hojas está íntimamente relacionado con la buena formación del bebe. Resulta que la espina bífida se crea porque la mujer, en el momento de quedarse embarazada, carece de un "depósito" de vitamina B9. La espina bífida es una malformación congénita del tubo neural que se caracteriza porque uno o varios arcos posteriores no han fusionado correctamente durante la gestación y la deja sin protección ósea. La principal causa de la espina bífida es la deficiencia de ácido fólico en la madre durante los meses previos al embarazo y en las tres semanas siguientes, aunque existe un 5% de los casos cuya causa es desconocida. También se piensa que la espina bífida tiene un componente hereditario, aunque lo que se heredaría sería la dificultad de la madre para procesar el ácido fólico. Básicamente existen dos tipos de espina bífida, la espina bífida oculta y la espina bífida abierta o quística. Por lo tanto, se ha podido comprobar que uno de los causantes de dicha malformación es la mala nutrición por parte de la madre. El problema es que todo sucede antes de que la mujer sepa que está embarazada.
Luego nos puso un video en el que se opera a un niño de pocos días con este defecto. Es increible como consiguen mejorar la columna, aunque dicha malformación tiene consecuencias muy dificiles de solucionar. Me ha parecido una clase muy especial. Porque no nos ha tratado como alumnos sino como personas, como futuros padres incluso. No se me olvidará nunca lo que comentó más tarde:
"Al igual que planeamos unas oposiciones, unas clases y nuestros proyectos... ¿por qué no planeamos también algo tan delicado como embarazo? Sería mucho mejor, ya que buscaríamos las mejores condiciones para que nuestro futuro bebe nazca sano y con un ambiente adecuado."
No hay que olvidar que antes de todo, somos humanos, y las mejores lecciones quizás no se den tanto en los conceptos, sino en la vida. Creo que antes de aguantar una clase insufrible de biología o cualquier otra materia convendría escuchar lecciones como esta, para obtener un punto de interés del que parta un futuro análisis de conceptos.
Por si a alguien le interesa, aquí dejo una lista de alimentos que tienen mucho ácido fólico:
"Ahora os voy a explicar lo más importante de toda la asignatura. Podría deciros incluso que si os quedáis solo con esto me sentiría ya conforme".
Nos explicó que el ácido fólico o vitamina B9 que se encuentra en las hojas está íntimamente relacionado con la buena formación del bebe. Resulta que la espina bífida se crea porque la mujer, en el momento de quedarse embarazada, carece de un "depósito" de vitamina B9. La espina bífida es una malformación congénita del tubo neural que se caracteriza porque uno o varios arcos posteriores no han fusionado correctamente durante la gestación y la deja sin protección ósea. La principal causa de la espina bífida es la deficiencia de ácido fólico en la madre durante los meses previos al embarazo y en las tres semanas siguientes, aunque existe un 5% de los casos cuya causa es desconocida. También se piensa que la espina bífida tiene un componente hereditario, aunque lo que se heredaría sería la dificultad de la madre para procesar el ácido fólico. Básicamente existen dos tipos de espina bífida, la espina bífida oculta y la espina bífida abierta o quística. Por lo tanto, se ha podido comprobar que uno de los causantes de dicha malformación es la mala nutrición por parte de la madre. El problema es que todo sucede antes de que la mujer sepa que está embarazada.
Luego nos puso un video en el que se opera a un niño de pocos días con este defecto. Es increible como consiguen mejorar la columna, aunque dicha malformación tiene consecuencias muy dificiles de solucionar. Me ha parecido una clase muy especial. Porque no nos ha tratado como alumnos sino como personas, como futuros padres incluso. No se me olvidará nunca lo que comentó más tarde:
"Al igual que planeamos unas oposiciones, unas clases y nuestros proyectos... ¿por qué no planeamos también algo tan delicado como embarazo? Sería mucho mejor, ya que buscaríamos las mejores condiciones para que nuestro futuro bebe nazca sano y con un ambiente adecuado."
No hay que olvidar que antes de todo, somos humanos, y las mejores lecciones quizás no se den tanto en los conceptos, sino en la vida. Creo que antes de aguantar una clase insufrible de biología o cualquier otra materia convendría escuchar lecciones como esta, para obtener un punto de interés del que parta un futuro análisis de conceptos.
Por si a alguien le interesa, aquí dejo una lista de alimentos que tienen mucho ácido fólico:
- Hígado de pollo, de ternera, y de pavo. Patés confeccionados con hígado.
- Legumbres; especialmente los garbanzos, los frijoles o judías secas ( cualquier variedad) , las lentejas, las habas, los guisantes, la soja, etc.
- Verduras verdes : espinacas, coles, coles de Bruselas, bróculi, acelgas, endivias, lechuga,
- Cereales:cereales integrales y derivados integrales (avena, arroz, maíz, germen de trigo, pan integral) Cereales no integrales y derivados con ácido fólico añadido.
- Frutas: Melón, Aguacate, naranja, plátano.
- Espárragos.
Reflexión sobre los problemas de la Educación en España
Hoy en clase de O.C.E la profesora nos ha propuesto las siguientes cuestiones: ¿Cuáles son los problemas en la escuela actual?, ¿por qué hay tantos?, ¿de dónde surgen?, ¿cómo se arreglarían?
Antes de dar mi opinión personal al respecto, resumiré brevemente lo que hemos conversado en el aula ya que han salido opiniones muy interesantes. A la pregunta ¿cuáles son los problemas existentes en la escuela? se comentaron los siguientes:
A mi parecer, el problema fundamental de la educación en España es la falta de reconocimiento social tanto del servicio (enseñanza) como de la profesión (magisterio). A partir de esta realidad surgen todos los problemas que se han mencionado previamente. Si se valorará realmente este servicio, como derecho y deber del ciudadano, se resolvería tanto el fracaso escolar como la falta de autoridad del maestro.
En primer lugar, el estado pondría su empeño e interés por mejorar la enseñanza, no realizando normativas superficiales sino apoyando a este sector, dando tanto recursos como respaldo social y político. Un ejemplo claro de este menosprecio social es la poca relevancia que toma la educación tanto en los medios de comunicación como en el gobierno. Si realmente los políticos valoraran la educación se dedicarían a conversar extendidamente sobre los problemas que he citado anteriormente, buscarían soluciones y las pondrían en práctica. Todos los partidos se unirían en este sentido, habría consenso y no la eterna disputa que vemos cada día por la televisión.
Por otra parte, cuando se debate en los medios sobre educación en pocas ocasiones vemos a profesionales de este campo. Nos parecería una locura ver un programa sobre medicina protagonizado por matemáticos o ingenieros industriales, sin embargo estamos acostumbrados a oir hablar a muchas personas sobre educación sin tener los conocimientos necesarios para ello. Queda evidente el puesto que tiene nuestra profesión.
Quería aprovechar la ocasión para reflexionar sobre otro asunto que está relacionado con esto último: la valoración que tienen los docentes de educación secundaria. No entiendo cómo el reconocimiento de este tipo de profesiones se mida por la cantidad de conocimientos que se enseñan y no por la complejidad de la tarea a realizar. Si bien es cierto que en la actualidad existen muchos conflictos en el instituto, deberíamos preguntarnos el por qué de esta situación ¿No podría ser porque los docentes no están cualificados para su tarea?
¿Cómo es posible que un licenciado en una materia determinada se “coloque” como “maestro en secundaria” realizando solo un curso? Si es complejo educar a niños, no me puedo imaginar cómo será a chicos y chicas adolescentes. Realmente es necesario que el profesorado esté preparado y cualificado para su práctica educativa, es decir, es imprescindible realizar la carrera de magisterio.
Sin embargo, esta exigencia no existe y por el contrario, se sigue apreciando más (tanto económicamente como socialmente) la función del docente de secundaria. Que paradójico, si es desde la Educación Primaria dónde vienen los alumnos, dónde se llevan a cabo sus primeros aprendizajes y se forjan sus bases cognitivas, psicológicas y lingüísticas. Creo que las personas no son conscientes de los conocimientos que deben adquirir los maestros de Educación Primaria. Estos no se reducen a los temas que se dan en la escuela (mucha gente sigue pensando que es así), sino que se estudian otras ciencias mucho más complejas, interesantes e importantes como psicología, didáctica, teoría de la educación y sociología.
También creo que deberían cambiar la carrera de magisterio. Desconozco cómo será con el nuevo plan de estudios. Ojalá se mire realmente por mejorar la educación actual y se centre en formar a docentes competentes. En este sentido pienso que si realmente se reconociera esta profesión, se nos exigiría muchos más conocimientos, actitudes y aptitudes en nuestra carrera. Se harían criterios de selección más específicos y estrictos. No todas las personas valen para ser maestros, es una realidad. Sería perfecto que la vocación se pudiera medir mediante exámenes, calificaciones,.. Quizás sea algo utópica y plantee soluciones difíciles de hacer realidad.
Al margen del reconocimiento del maestro, existen muchos más problemas que afectan en la escuela. Entre otros destacan:
Fracaso escolar.
Para mí es consecuencia de la sociedad actual. Vivimos en una sociedad del consumismo, donde lo más importante es la cantidad de dinero que se tenga (capitalismo), la imagen externa (la belleza, la apariencia) y la importancia del poder sobre los demás (el reconocimiento por parte de los grupos sociales, el status social) ¿Dónde queda la pasión por aprender? Está claro que no muy bien parada. Ni los medios, la familia, las amistades valoran la sabiduría, un ejemplo es el aprecio que se tiene por las personas mayores. Lo que importa es mantenerse joven a cualquier precio, una persona con experiencia, sabia, mayor, no aporta nada en especial a esta sociedad.
¿Cómo conseguir la felicidad? Mediante la diversión, el ocio, el derroche en uno mismo, los lujos. La pena es que la educación no se considera un lujo, cuando debería serlo. Es una fortuna poder aprender, recibir enseñanzas de nuestros mayores, socializarnos con los iguales, prepararnos para el futuro, formarnos como personas,... Es cierto que la educación ya es un derecho para todos, y estoy totalmente de acuerdo, pero también es verdad que esto puede conllevar a no valorarlo. Como ya nos lo dan, no nos tenemos que esforzar por tenerlo, nos viene dada por ser ciudadanos, ¿qué mérito tiene? Esta conciencia puede ser efecto de este afán por competir (característica de la sociedad actual).
¿Para qué estudiar? Sólo para conseguir un trabajo mejor, para ganar más dinero. Y no quiero ser hipócrita, yo no trabajo gratis. Lo que digo es que se ha perdido el norte, no valoramos lo realmente importante, el por qué de nuestra profesión, la vocación, ser feliz con lo que se hace. Solo pensamos en el para qué. A mi parecer, este problema de base esta en la conciencia de la mayoría de sociedad.
Si nos planteáramos realmente por qué se va a la escuela, si lo hiciéramos entender a los más jóvenes, si confiáramos en las capacidades de nuestros jóvenes si valoráramos este espacio de desarrollo personal, , no sólo como medio de mejorar la economía, de estar a la altura de las competencias europeas, sino como mejorar la conciencia moral de nuestros jóvenesel fracaso escolar no existiría. Con lo divertido que es aprender, descubrir, investigar, reflexionar,...
En conclusión, el fracaso escolar surge de una desmotivación generalizada de la juventud, influenciada por la visión que ésta recibe de su entorno.
Falta de autoridad de los maestros.
En este sentido, lo tengo bastante claro, la autoridad la gana el maestro con su esfuerzo y debería ser concedida por los alumnos por la posición que tiene. Esta realidad se arreglaría si la sociedad fuera consciente de la importancia que tiene la educación, si valoraran el papel del maestro en el desarrollo del sujeto. Si los profesores fueran personas realmente competentes y merecedoras de esa autoridad.
Falta de educación en casa.
Que los alumnos están desatendidos en sus hogares es cierto, y cada vez ocurre más. A mi parecer esto se debe a las exigencias económicas a las que están sometidas las familias en la actualidad. Ya no sólo los dos padres tienen que trabajar sino que tienen que estar pluriempleados para poder seguir adelante. Cuando la situación económica es tan complicada, la educación toma un papel secundario. Los familiares deben recurrir a terceros (niñeros/as, abuelos,...) en la educación de sus hijos. No pueden dedicar el tiempo que desean, y cuando lo tienen deben realizar las tareas del hogar, o están demasiado cansados para ser pacientes con sus hijos.
Primero: la economía debería mejorar, segundo: los padres deberían priorizar. ¿Es más importante hacer horas extra para ganar dinero y comprarme ese plasma tan esperado, o pasar tiempo con mi hijo? ¿Prefiero ganarme mis ahorros para hacerme una operación estética o en un viaje guiado a Roma con mis hijas?
Poca inversión en educación. Soy de las que opinan que no hace falta tener muchos recursos para formar aprendizajes significativos. Aún así, pienso que habría que invertir más en educación, sobretodo en centros de educación especial. Es fundamental que un maestro esté a gusto en el centro donde ejerce su profesión, para ello debe estar respaldado por un equipo amplio y competitivo de docentes. Si faltan recursos personales en un colegio, el maestro trabaja baja más presión y puede desmotivarse porque no puede con todo.
Como dato curioso al respecto, me parece curioso que hayan padres que les cuesten soltar algo de dinero cuando se trata de excursiones didácticas y guiadas y no escatima en caprichos para sí mismos.
Evaluación.
No creo que la causa fundamental del fracaso escolar sea la evaluación, aunque sí que afecta considerablemente en la motivación de los alumnos. Es cierto que los niños necesitan muchas veces algo de presión para estudiar. Si los alumnos pueden pasar de curso con alguna asignatura pendiente, si encuentran dificultades en aprobarla está claro que la dejará para el año siguiente. Esta realidad fomenta la ley del mínimo esfuerzo, y no valora realmente el trabajo del alumnado.
Antes de dar mi opinión personal al respecto, resumiré brevemente lo que hemos conversado en el aula ya que han salido opiniones muy interesantes. A la pregunta ¿cuáles son los problemas existentes en la escuela? se comentaron los siguientes:
- El fracaso escolar: tenemos unos porcentajes muy altos de abandono escolar a edades tempranas.
- La falta de autoridad de los profesores en el aula.
- La poca educación que reciben los niños desde casa. Los alumnos no reciben las enseñanzas básicas desde su hogar, existe una gran desatención por parte de la familia.
- La poca inversión en la educación: los centros no disponen de los recursos necesarios para realizar adecuadamente la práctica educativa.
- La evaluación: se pasa de curso repitiendo, no se le exige al alumno lo suficiente,...
A mi parecer, el problema fundamental de la educación en España es la falta de reconocimiento social tanto del servicio (enseñanza) como de la profesión (magisterio). A partir de esta realidad surgen todos los problemas que se han mencionado previamente. Si se valorará realmente este servicio, como derecho y deber del ciudadano, se resolvería tanto el fracaso escolar como la falta de autoridad del maestro.
En primer lugar, el estado pondría su empeño e interés por mejorar la enseñanza, no realizando normativas superficiales sino apoyando a este sector, dando tanto recursos como respaldo social y político. Un ejemplo claro de este menosprecio social es la poca relevancia que toma la educación tanto en los medios de comunicación como en el gobierno. Si realmente los políticos valoraran la educación se dedicarían a conversar extendidamente sobre los problemas que he citado anteriormente, buscarían soluciones y las pondrían en práctica. Todos los partidos se unirían en este sentido, habría consenso y no la eterna disputa que vemos cada día por la televisión.
Por otra parte, cuando se debate en los medios sobre educación en pocas ocasiones vemos a profesionales de este campo. Nos parecería una locura ver un programa sobre medicina protagonizado por matemáticos o ingenieros industriales, sin embargo estamos acostumbrados a oir hablar a muchas personas sobre educación sin tener los conocimientos necesarios para ello. Queda evidente el puesto que tiene nuestra profesión.
Quería aprovechar la ocasión para reflexionar sobre otro asunto que está relacionado con esto último: la valoración que tienen los docentes de educación secundaria. No entiendo cómo el reconocimiento de este tipo de profesiones se mida por la cantidad de conocimientos que se enseñan y no por la complejidad de la tarea a realizar. Si bien es cierto que en la actualidad existen muchos conflictos en el instituto, deberíamos preguntarnos el por qué de esta situación ¿No podría ser porque los docentes no están cualificados para su tarea?
¿Cómo es posible que un licenciado en una materia determinada se “coloque” como “maestro en secundaria” realizando solo un curso? Si es complejo educar a niños, no me puedo imaginar cómo será a chicos y chicas adolescentes. Realmente es necesario que el profesorado esté preparado y cualificado para su práctica educativa, es decir, es imprescindible realizar la carrera de magisterio.
Sin embargo, esta exigencia no existe y por el contrario, se sigue apreciando más (tanto económicamente como socialmente) la función del docente de secundaria. Que paradójico, si es desde la Educación Primaria dónde vienen los alumnos, dónde se llevan a cabo sus primeros aprendizajes y se forjan sus bases cognitivas, psicológicas y lingüísticas. Creo que las personas no son conscientes de los conocimientos que deben adquirir los maestros de Educación Primaria. Estos no se reducen a los temas que se dan en la escuela (mucha gente sigue pensando que es así), sino que se estudian otras ciencias mucho más complejas, interesantes e importantes como psicología, didáctica, teoría de la educación y sociología.
También creo que deberían cambiar la carrera de magisterio. Desconozco cómo será con el nuevo plan de estudios. Ojalá se mire realmente por mejorar la educación actual y se centre en formar a docentes competentes. En este sentido pienso que si realmente se reconociera esta profesión, se nos exigiría muchos más conocimientos, actitudes y aptitudes en nuestra carrera. Se harían criterios de selección más específicos y estrictos. No todas las personas valen para ser maestros, es una realidad. Sería perfecto que la vocación se pudiera medir mediante exámenes, calificaciones,.. Quizás sea algo utópica y plantee soluciones difíciles de hacer realidad.
Al margen del reconocimiento del maestro, existen muchos más problemas que afectan en la escuela. Entre otros destacan:
Fracaso escolar.
Para mí es consecuencia de la sociedad actual. Vivimos en una sociedad del consumismo, donde lo más importante es la cantidad de dinero que se tenga (capitalismo), la imagen externa (la belleza, la apariencia) y la importancia del poder sobre los demás (el reconocimiento por parte de los grupos sociales, el status social) ¿Dónde queda la pasión por aprender? Está claro que no muy bien parada. Ni los medios, la familia, las amistades valoran la sabiduría, un ejemplo es el aprecio que se tiene por las personas mayores. Lo que importa es mantenerse joven a cualquier precio, una persona con experiencia, sabia, mayor, no aporta nada en especial a esta sociedad.
¿Cómo conseguir la felicidad? Mediante la diversión, el ocio, el derroche en uno mismo, los lujos. La pena es que la educación no se considera un lujo, cuando debería serlo. Es una fortuna poder aprender, recibir enseñanzas de nuestros mayores, socializarnos con los iguales, prepararnos para el futuro, formarnos como personas,... Es cierto que la educación ya es un derecho para todos, y estoy totalmente de acuerdo, pero también es verdad que esto puede conllevar a no valorarlo. Como ya nos lo dan, no nos tenemos que esforzar por tenerlo, nos viene dada por ser ciudadanos, ¿qué mérito tiene? Esta conciencia puede ser efecto de este afán por competir (característica de la sociedad actual).
¿Para qué estudiar? Sólo para conseguir un trabajo mejor, para ganar más dinero. Y no quiero ser hipócrita, yo no trabajo gratis. Lo que digo es que se ha perdido el norte, no valoramos lo realmente importante, el por qué de nuestra profesión, la vocación, ser feliz con lo que se hace. Solo pensamos en el para qué. A mi parecer, este problema de base esta en la conciencia de la mayoría de sociedad.
Si nos planteáramos realmente por qué se va a la escuela, si lo hiciéramos entender a los más jóvenes, si confiáramos en las capacidades de nuestros jóvenes si valoráramos este espacio de desarrollo personal, , no sólo como medio de mejorar la economía, de estar a la altura de las competencias europeas, sino como mejorar la conciencia moral de nuestros jóvenesel fracaso escolar no existiría. Con lo divertido que es aprender, descubrir, investigar, reflexionar,...
En conclusión, el fracaso escolar surge de una desmotivación generalizada de la juventud, influenciada por la visión que ésta recibe de su entorno.
Falta de autoridad de los maestros.
En este sentido, lo tengo bastante claro, la autoridad la gana el maestro con su esfuerzo y debería ser concedida por los alumnos por la posición que tiene. Esta realidad se arreglaría si la sociedad fuera consciente de la importancia que tiene la educación, si valoraran el papel del maestro en el desarrollo del sujeto. Si los profesores fueran personas realmente competentes y merecedoras de esa autoridad.
Falta de educación en casa.
Que los alumnos están desatendidos en sus hogares es cierto, y cada vez ocurre más. A mi parecer esto se debe a las exigencias económicas a las que están sometidas las familias en la actualidad. Ya no sólo los dos padres tienen que trabajar sino que tienen que estar pluriempleados para poder seguir adelante. Cuando la situación económica es tan complicada, la educación toma un papel secundario. Los familiares deben recurrir a terceros (niñeros/as, abuelos,...) en la educación de sus hijos. No pueden dedicar el tiempo que desean, y cuando lo tienen deben realizar las tareas del hogar, o están demasiado cansados para ser pacientes con sus hijos.
Primero: la economía debería mejorar, segundo: los padres deberían priorizar. ¿Es más importante hacer horas extra para ganar dinero y comprarme ese plasma tan esperado, o pasar tiempo con mi hijo? ¿Prefiero ganarme mis ahorros para hacerme una operación estética o en un viaje guiado a Roma con mis hijas?
Poca inversión en educación. Soy de las que opinan que no hace falta tener muchos recursos para formar aprendizajes significativos. Aún así, pienso que habría que invertir más en educación, sobretodo en centros de educación especial. Es fundamental que un maestro esté a gusto en el centro donde ejerce su profesión, para ello debe estar respaldado por un equipo amplio y competitivo de docentes. Si faltan recursos personales en un colegio, el maestro trabaja baja más presión y puede desmotivarse porque no puede con todo.
Como dato curioso al respecto, me parece curioso que hayan padres que les cuesten soltar algo de dinero cuando se trata de excursiones didácticas y guiadas y no escatima en caprichos para sí mismos.
Evaluación.
No creo que la causa fundamental del fracaso escolar sea la evaluación, aunque sí que afecta considerablemente en la motivación de los alumnos. Es cierto que los niños necesitan muchas veces algo de presión para estudiar. Si los alumnos pueden pasar de curso con alguna asignatura pendiente, si encuentran dificultades en aprobarla está claro que la dejará para el año siguiente. Esta realidad fomenta la ley del mínimo esfuerzo, y no valora realmente el trabajo del alumnado.
lunes, 1 de febrero de 2010
Bécquer y Espronceda visitan la U.C.M
Exposición sobre el Romanticismo para la asignatura Literatura y su didáctica
Mi primer cuentacuentos
Doña Juana Manoli, tatatataranieta de Don Juan Manuel, visita la Universidad Complutense de Madrid para narrar algunos de los cuentos del Conde Lucanor a los alumnos de Magisterio de Educación Primaria.
Tipos de moral según L.F.Vílchez
Moral del camaleón.
Moral del león.
Moral de águila.
Moral del ratón.
Moral de la hormiga y de la cigarra.
Moral del perro.
La moral del buho.
Moral del asno.
Moral del mono.
Moral del cisne.
Moral del caballo.
Moral del osito.
Moral del gato.
Moral del ser humano.
- Cosas positivas: se adapta a las circunstancias.
- Cosas negativas: hipocresía, parece lo que no es, es lo que no parece.
Moral del león.
- "Yo me cogo la primera parte porque soy el mejor"
- La ley del más fuerte. La que se impone.
Moral de águila.
- Negativo: se sitúa por encima del bien o del mal.
- Postivo: tiene una visión del conjunto, agudeza visual.
Moral del ratón.
- La moral de las pequeñeces.
- Buenos modales, pero frente a las pequeñeces se molesta.
Moral de la hormiga y de la cigarra.
- Hormiga: trabaja
- Cigarra: superficial y vanal.
- Distinción entre el hombre profundo o superficial.
Moral del perro.
- Positivo: fiel.
- Negativo: Cuando esa fidelidad se vuelve autómata, obediencia ciega.
- No tener personalidad propia. Un ser moral es un ser autónomo.
La moral del buho.
- Que decide por nosotros, es el sabio.
- No ayuda a que la gente sea responsable. Tener una moral prestada.
Moral del asno.
- Animal sufrido, funciona "a palos".
Moral del mono.
- Imitadores. Imitan conductas sin asimilarlas, sin hacerlas propias.
Moral del cisne.
- Mito de Narciso. Persona narcisista.
- Gente que no se ve más de su ombligo. Todo parte y acaba en sí mismo.
Moral del caballo.
- Elegancia/nobleza/bello.
- Lo bello o hermoso va unido a la bondad.
Moral del osito.
- Ternura. Parte emocional de la moral. En la moral tiene que aparecer aspectos emocionales.
Moral del gato.
- Ariscos. Moral de la sospecha.
Moral del ser humano.
- Animal racional. Sinónimo de razón.
- Capacidad de: autonomía, libertad interna, justicia (con relación a los demás), responsabilidad y alteridad (relación con el otro).
viernes, 22 de enero de 2010
En busca de la felicidad
El último día de clase surgió la siguiente cuestión: ¿puede ser feliz una persona con deficiencia? Todos coincidimos en que dependía si la persona era consciente de su minusvalía (ya que si es inconsciente, directamente no se plantearía la pregunta).
Centrándonos en los casos de individuos con deficiencias que son conscientes de su realidad, yo creo que la felicidad depende de los siguientes aspectos:
En el primer punto existe una intervención directa de otras personas: educadores, familia, sociedad. Sin embargo el 2º punto no y en el 3º sí, pero no de manera directa, es decir, los agentes externos influyen en gran medida en la visión del yo que poseamos, pero no la determina. El 1º y 2º aspecto puede condicionar que la persona sea feliz o no, pero, en mi opinión, lo que realmente tiene más poder en este sentido es el apartado 3º, ya que si el individuo no se valora (aún teniendo un ambiente favorable y una discapacidad leve) le será imposible ser feliz.
Lo que yo planteaba, es que el medio en sí debe ser en primer lugar beneficioso para el deficiente, pero que esto mismo no implica que la persona vaya a ser feliz. Hay una parte en la que los educadores no podemos intervenir: el autoconcepto, la autovaloración y la autoimagen. Estos se obtienen mediante las experiencias y la visión que tenemos ante ellas. Creo que no sirve de nada preguntarse el por qué nacemos de una manera u otra, aunque es cierto que es un dilema inevitable que tarde o temprano uno llega a plantearse (teniendo o no una deficiencia). Es más productivo preguntarnos ¿qué puedo hacer yo con esta realidad?
A mi parecer, como educadores, es fundamental tener este pensamiento de superación, más que nada para influir en la visión del afectado. Si nos compadecemos de la vida por la que está viviendo el ajeno quizás no estemos haciendo otra cosa que recordarle lo que ya todos sabemos. Al fin y al cabo, es el individuo quien elige que quiere hacer con su vida. Someterse o no a las circunstancias o los condicionantes innatos es decisión de uno mismo. Conozco varios casos en los que aún la dureza de la discapacidad o deficiencia, el individuo ha sido capaz de tomar una vida “normal” de acuerdo con sus limitaciones, y han llegado a ser felices. Un ejemplo que vi hace poco fue el de un chico que nació sin extremidades, tiene este video en youtube que te recomiendo ver:
Hay personas que aún naciendo sanos y teniendo un entorno normal viven infelices por unos u otros motivos. Quizás un día nos sorprendan, y sean los deficientes los que se pregunten si podemos llegar a ser felices las personas que presuntamente lo tenemos todo.
Centrándonos en los casos de individuos con deficiencias que son conscientes de su realidad, yo creo que la felicidad depende de los siguientes aspectos:
- Del medio social que posea: si es aceptado, tiene cubiertas sus necesidades afectivas, esta integrado en su grupo,…
- Del tipo de discapacidad y grado.
- Del grado de autoaceptación y valoración en sí mismo.
En el primer punto existe una intervención directa de otras personas: educadores, familia, sociedad. Sin embargo el 2º punto no y en el 3º sí, pero no de manera directa, es decir, los agentes externos influyen en gran medida en la visión del yo que poseamos, pero no la determina. El 1º y 2º aspecto puede condicionar que la persona sea feliz o no, pero, en mi opinión, lo que realmente tiene más poder en este sentido es el apartado 3º, ya que si el individuo no se valora (aún teniendo un ambiente favorable y una discapacidad leve) le será imposible ser feliz.
Lo que yo planteaba, es que el medio en sí debe ser en primer lugar beneficioso para el deficiente, pero que esto mismo no implica que la persona vaya a ser feliz. Hay una parte en la que los educadores no podemos intervenir: el autoconcepto, la autovaloración y la autoimagen. Estos se obtienen mediante las experiencias y la visión que tenemos ante ellas. Creo que no sirve de nada preguntarse el por qué nacemos de una manera u otra, aunque es cierto que es un dilema inevitable que tarde o temprano uno llega a plantearse (teniendo o no una deficiencia). Es más productivo preguntarnos ¿qué puedo hacer yo con esta realidad?
A mi parecer, como educadores, es fundamental tener este pensamiento de superación, más que nada para influir en la visión del afectado. Si nos compadecemos de la vida por la que está viviendo el ajeno quizás no estemos haciendo otra cosa que recordarle lo que ya todos sabemos. Al fin y al cabo, es el individuo quien elige que quiere hacer con su vida. Someterse o no a las circunstancias o los condicionantes innatos es decisión de uno mismo. Conozco varios casos en los que aún la dureza de la discapacidad o deficiencia, el individuo ha sido capaz de tomar una vida “normal” de acuerdo con sus limitaciones, y han llegado a ser felices. Un ejemplo que vi hace poco fue el de un chico que nació sin extremidades, tiene este video en youtube que te recomiendo ver:
Hay personas que aún naciendo sanos y teniendo un entorno normal viven infelices por unos u otros motivos. Quizás un día nos sorprendan, y sean los deficientes los que se pregunten si podemos llegar a ser felices las personas que presuntamente lo tenemos todo.
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