Hace poco me di cuenta de un par de "muletillas" que me siguen allá donde voy. La primera muy común: el típico "¿vale?" que tanto usamos los profes. La otra que no me gusta tanto es "este niño no es tonto". La suelo emplear sobretodo cuando hablo con los padres de los chicos a los que doy clase (y éstos desconfían de las cualidades de sus críos).
La uso (o la pienso) cuando veo en los pequeños algún gesto, reacción, comentario o contestación que no esperaba de ellos (sobretodo algo positivo, más que referirme a que sean traviesos). Cuando veo en ellos cierta "picardía intelectual", ingenio, ocurrencia o atrevimiento. Llamémoslo como queramos, quien ha estado con niños alguna vez sabrá de lo que hablo.
Lo bueno de darme cuenta de estos lastres, es que cada vez que las repito o me vienen a la mente (de manera casi automática) me acuerdo de esto e intento decir otra cosa. Si alguien aún no ha encontrado sus muletillas le animo a que se grabe, es tan ridículo como útil. Si preguntas a tus cercanos sobre aquellas palabras/frases hechas que sueles repetir en tus explicaciones o argumentos, seguramente no sepan contestarte ya que están acostumbrados a ti. No son ayudantes fiables.
Centrándome en lo que me preocupa, el título de esta entrada, el otro día estuve reflexionando sobre el por qué de esta frase recurrente y desafortunada que tanto pronuncio. En un principio me acordé de una entrada que escribí hace tiempo (...) en la que considero que en muchas ocasiones empleamos expresiones que tenemos interiorizadas, sin procesar y analizar su sentido. Hablamos muchas veces por mecánica, sin ver el peso real de nuestras palabras y su efecto posible en el oyente.
Pensé que decir "este niño no es tonto" es un claro juicio gratuito y carente de valor. Posiblemente este pensamiento vaya ligado a una creencia de que el niño no vaya a tener ciertas capacidades por su edad o actitud general. Y cuando vemos que rompe con el esquema previsto, nos sorprende y pensamos que es listo. Quizás se deba a nuestra manía de establecer niveles, órdenes y jerarquías complicadas por edad/sexo/ y demás características. Según esos criterios esperamos a que estos reaccionen de una u otra manera, y si no vemos que lo hacen, exigimos que así sea (y nos parecen "más lentos").
En vez de simplemente observar al ser que tenemos en nuestras narices, nos frustramos porque aún no ha hecho tal o no entienda pascual. Cuando seguramente sepa más en otros sentidos que no vemos porque estamos cegados en nuestros tradicionales esquemas.
domingo, 28 de octubre de 2012
lunes, 8 de octubre de 2012
Maestra a la sombra
Quería hablar en esta ocasión sobre una experiencia que viví el otro día con uno de mis alumnos. Me sentí en mi "elemento" (como lo diría Ken Robinson).
Últimamente me sentía bastante frustrada porque tenía problemas con uno de mis alumnos. Falta de interés, incluso de educación. Las pocas veces que se comportaba adecuadamente (que no digo como un mueble) era cuando me ponía "en plan" autoritaria. Y como no lo soy (ni me gusta, ni le veo sentido), tenía grandes dificultades para seguir una clase sin alguna discusión o regañina. Con el tiempo he descubierto la raíz de la cuestión: sus padres son muy exigentes y le "someten" a un horario semanal de adulto. Es extraño observar a un niño estresado a tan corta edad.
Desayuno en el colegio (antes de las 8), colegio, comedor, "post-comedor", yo, extraescolares, cena y cama. Eso casi 5 días por semana. Encima cuando comete una "falta" tiene repercusión en su ajetreada agenda: se queda sin tiempo de descanso. Eso aumenta su estrés, que a su vez se manifiesta en cansancio, enfado, desmotivación y al final en su comportamiento. Y como todo niño, comete travesuras. Carece de ese sentimiento de responsabilidad académica que tanto persiguen sus padres.
Ellos quieren lo mejor para el pequeño. La manera que tienen de ver el rendimiento/capacidad que tiene su hijo son las calificaciones de los exámenes (aunque éstos no sean del todo fiables). El otro día, los padres me facilitaron el material del profesor (exámenes y soluciones incluidos). Quería que prepara a su hijo para sacar sobresaliente en ese examen. Se agarran a los libros de texto, a los exámenes, como si fueran la Santa Biblia.
Esa noche me quedé hasta las 2 de la mañana realizando un examen en el que se le exigiera al alumno los mismos conocimientos, pero de una manera totalmente distinta. Aquí os lo adjunto. Tiene dibujos que sé que le gusta, tiene juegos de enigmas, ¡incluso una historia que va de él! Me llevó tiempo, pero mereció muchísima la pena. La reacción que tuvo fue de lo más gratificante. Tenía los ojos como platos, hizo los ejercicios con energía e ilusión.
También preparé unos "puzzles" sobre el aparato digestivo y excretor. Cuando lo vio me dijo "buah! fichas de cono", a lo que le contesté "Tú que tienes imaginación, ¿se te ocurre un nombre de hombre divertido?". Acabamos colocándole los órganos al señor Pedopedo, el pobre estaba en bolas y teníamos que ayudarle. Mediante el juego, fue aprendiendo los nombres de los órganos. Incluso dijo "el libro será nuestro manual de instrucciones hasta que no nos haga falta". Era muy importante saber bien dónde iba cada parte, sino Pedopedo podría acabar con un riñón en la cabeza por nuestra culpa.
No os puedo explicar lo bien que me sentía. Coloreando las piezas, colocándolas, riéndonos, aprendiendo. El tiempo pasó volando, él parecía otro... yo también. Estábamos disfrutando de la clase, cosa que nunca antes habíamos hecho.
Había caído en un bucle de frustración del que no había salido hasta ese momento. Hablé de todo esto con sus padres, y les dije que lo que a mí me importa es que aprenda (no solo conocimientos sino también valores y conductas). Que no quiero que sea un loro. Que no me importa tanto la nota, sino que se construyan unos buenos cimientos. Y para ello es imprescindible que haya tiempo de ocio y que se le premie de vez en cuando.
"El dinero que te damos es el mejor invertido" me contestaron. Aceptaron mis críticas constructivas y estuvimos charlando un rato sobre qué cosas se podrían mejorar. Mientras el niño estaba jugando a ser maestro con sus peluche. De repente me sentí una persona muy manipuladora jaja.
Salí de la casa pisando nubes. Solo una cosa me hizo bajar a la Tierra. Pensé "¡qué pena que no esté ejerciendo en un colegio! Que no pueda vivir de esto". Me encantaría abrirme a un público mayor. Salí de la facultad queriendo ser una maestra escuela, y ahora soy una maestra a la sombra.
Maestra al fin y al cabo.
Últimamente me sentía bastante frustrada porque tenía problemas con uno de mis alumnos. Falta de interés, incluso de educación. Las pocas veces que se comportaba adecuadamente (que no digo como un mueble) era cuando me ponía "en plan" autoritaria. Y como no lo soy (ni me gusta, ni le veo sentido), tenía grandes dificultades para seguir una clase sin alguna discusión o regañina. Con el tiempo he descubierto la raíz de la cuestión: sus padres son muy exigentes y le "someten" a un horario semanal de adulto. Es extraño observar a un niño estresado a tan corta edad.
Desayuno en el colegio (antes de las 8), colegio, comedor, "post-comedor", yo, extraescolares, cena y cama. Eso casi 5 días por semana. Encima cuando comete una "falta" tiene repercusión en su ajetreada agenda: se queda sin tiempo de descanso. Eso aumenta su estrés, que a su vez se manifiesta en cansancio, enfado, desmotivación y al final en su comportamiento. Y como todo niño, comete travesuras. Carece de ese sentimiento de responsabilidad académica que tanto persiguen sus padres.
Ellos quieren lo mejor para el pequeño. La manera que tienen de ver el rendimiento/capacidad que tiene su hijo son las calificaciones de los exámenes (aunque éstos no sean del todo fiables). El otro día, los padres me facilitaron el material del profesor (exámenes y soluciones incluidos). Quería que prepara a su hijo para sacar sobresaliente en ese examen. Se agarran a los libros de texto, a los exámenes, como si fueran la Santa Biblia.
Esa noche me quedé hasta las 2 de la mañana realizando un examen en el que se le exigiera al alumno los mismos conocimientos, pero de una manera totalmente distinta. Aquí os lo adjunto. Tiene dibujos que sé que le gusta, tiene juegos de enigmas, ¡incluso una historia que va de él! Me llevó tiempo, pero mereció muchísima la pena. La reacción que tuvo fue de lo más gratificante. Tenía los ojos como platos, hizo los ejercicios con energía e ilusión.
También preparé unos "puzzles" sobre el aparato digestivo y excretor. Cuando lo vio me dijo "buah! fichas de cono", a lo que le contesté "Tú que tienes imaginación, ¿se te ocurre un nombre de hombre divertido?". Acabamos colocándole los órganos al señor Pedopedo, el pobre estaba en bolas y teníamos que ayudarle. Mediante el juego, fue aprendiendo los nombres de los órganos. Incluso dijo "el libro será nuestro manual de instrucciones hasta que no nos haga falta". Era muy importante saber bien dónde iba cada parte, sino Pedopedo podría acabar con un riñón en la cabeza por nuestra culpa.
No os puedo explicar lo bien que me sentía. Coloreando las piezas, colocándolas, riéndonos, aprendiendo. El tiempo pasó volando, él parecía otro... yo también. Estábamos disfrutando de la clase, cosa que nunca antes habíamos hecho.
Había caído en un bucle de frustración del que no había salido hasta ese momento. Hablé de todo esto con sus padres, y les dije que lo que a mí me importa es que aprenda (no solo conocimientos sino también valores y conductas). Que no quiero que sea un loro. Que no me importa tanto la nota, sino que se construyan unos buenos cimientos. Y para ello es imprescindible que haya tiempo de ocio y que se le premie de vez en cuando.
"El dinero que te damos es el mejor invertido" me contestaron. Aceptaron mis críticas constructivas y estuvimos charlando un rato sobre qué cosas se podrían mejorar. Mientras el niño estaba jugando a ser maestro con sus peluche. De repente me sentí una persona muy manipuladora jaja.
Salí de la casa pisando nubes. Solo una cosa me hizo bajar a la Tierra. Pensé "¡qué pena que no esté ejerciendo en un colegio! Que no pueda vivir de esto". Me encantaría abrirme a un público mayor. Salí de la facultad queriendo ser una maestra escuela, y ahora soy una maestra a la sombra.
Maestra al fin y al cabo.
martes, 2 de octubre de 2012
Planificación curso 2012-2013

Con motivo del inicio de curso académico quería compartir con vosotros una planificación de estudio que he hecho. Para ello, me he basado en un documento denominado "planificación de la matrícula" que ha facilitado la UNED a los estudiantes :
http://db.tt/wpjtKhCY
Tal y como están las cosas, uno no se puede tomar los estudios a la ligera ya que nos supone mucho más gasto y estrés que antes. Os animo a que le echéis un vistazo.
Pongamos en marcha el GPS: ¿a dónde vamos?
Lo primero de todo es saber cuántas asignaturas vamos a poder superar
Suscribirse a:
Entradas (Atom)


