Vuelta a la rutina y me encuentro con la sorpresa que mis ánimos por empezar de nuevo se ven derrumbados en un momento. Al menos la primera clase me dio las fuerzas suficientes para encontrarme con lo siguiente. Os cuento.
Este cuatrimestre nos asignaron a un diferente docente para una asignatura y ¡qué deciros!, ¡tiene hasta sus propios mandamientos!
El 1º y no menos importante: "Amar a Luis por encima de todas las cosas", ¿previsible? No mucho.
Hay dos momentos importantes en la carrera "antes y después" de conocerme.
Quizás no se equivoque del todo. Aunque no se asemeja mucho a mi teoría "el momento más importante de la carrera es cuando decides aprender más fuera de ella".
Tuvimos que presentarnos: ¿por qué esta carrera?, ¿trabajas? ¡Qué paradoja! Hora y media más tarde otro docente me diría en contestación a que no podía asistir a algunas de sus clases "o se trabaja, o se estudia, o una cosa u otra, pero no las dos cosas a la vez "es que si no trabajo no podría estudiar", "no es asunto mio". No se si me molestó más lo que me dijo, o su modos... Sí, fueron sus modos. Menudo un maleducado.
Algunas veces me pregunto como es posible que en una misma instalación trabajen personas tan tan tan diferentes. Estoy a favor de la diversidad, pero algunas veces, no tanto.
Unos que les parece interesar nuestra situación o visión de las cosas (o al menos lo aparentan), otros que les parecen irrelevantes todos aquellos aspectos que no sea su disciplina.
"Respetar a todos y cada uno de ellos". Me parece bien empezar por ahí. No espero eso en mi carrera, ¡qué tontería!, somos ya adultos para esperar a un buen docente que nos de ejemplo de lo que debemos hacer ¿no?. Quizás tenga razón Luis: "en la facultad aprendes a no hacer todo lo que os enseñan". Habrá gente que piense que mediante presiones, exigencias y poco trato personal maduremos y seamos buenos maestros en un futuro. Como los que piensan que se aprende más superando malos ratos. Yo lo llegué a pensar en su día, ahora sé que es mentira.
No hay mejor manera de aprender en la vida que mediante experiencias positivas que te animen a dar el primer paso, a esforzarte, a animarte por lo que vas a llegar a ser y a tener tanta fuerza y optimismo que podrás superar cualquier obstáculo, por dificil que sea.
Una chica se quejaba del profesorado por no enseñarnos metodologías. No creo que ese sea el problema de nuestra facultad. Lo peor de todo es la falta de vocación de nuestros docentes. Parecen que estuvieran perdidos, desganados, desmotivados por su oficio, enojados con el mundo,... Es deprimente ver en lo que podemos llegar a convertirnos. Es muy deprimente.
Falta de entusiasmo, de profesionalidad, de perspectiva, de energía,...
La misma metodología durante años, desgana por aprender el nombre de sus alumnos, poca ilusión, prepotencia, infravaloración de las capacidades de sus educandos,...
"El principal objeto de la educación, como el de toda disciplina moral, es engendrar felicidad" W.M.Growing
¿Y qué pasa si el docente olvida que su profesión es básicamente moral?, ¿querrá engendrar valores o meros conocimientos?, ¿querrá crear personas buenas y sociales o los sabios que siempre desearon ser?
Realmente dudo que Luis Pumares escogiera magisterio por elección de su madre, y si fue así ¡menuda suerte! porque a mi parecer, esta destinado a serlo. Es raro ver a un hombre emocionarse por su trabajo pasados los años.
En fin, menudo día. Por una parte me emocionado en más de una ocasión escuchando a un docente hablar de nuestra profesión... por otra, me he hundido cuando otro profesor no me ha dado ninguna posibilidad de aprobar su asignatura por el hecho de trabajar, sin conocer mis circunstancias, ni creo que le interese...
Antes de poder dibujar en el lienzo, me quitaron el pincel. (nota mental: no hacerlo en un futuro ^^)
martes, 24 de febrero de 2009
miércoles, 7 de enero de 2009
Formación inicial.
Después de unos días sin escribir, ni muchos ni pocos, era hora de ello. ¡Es que mi mano pide tregua en vacaciones!, en verano las neuronas se evaporan, en invierno se masifican y se enfrían... como la tinta de la pluma ¡cuánto le cuesta!
Tanto en julio como en diciembre, soy incapaz de terminar un libro, ¡ni siquiera de empezarlo! Que triste. Pero no hay problema, en poco tiempo volvere por Metropolitano... donde el camino hacia la facultad se hace tan interesante, cuando las ideas se organizan y tienen ganas de decirme cosas.
Ahora escribiré mi opinión personal de un artículo de Rosario Ortega, Catedrática de Psicología de la Universidad de Córdoba, "Formación Inicial".
Después de unos días sin escribir, ni muchos ni pocos, era hora de ello. ¡Es que mi mano pide tregua en vacaciones!, en verano las neuronas se evaporan, en invierno se masifican y se enfrían... como la tinta de la pluma ¡cuánto le cuesta!
Tanto en julio como en diciembre, soy incapaz de terminar un libro, ¡ni siquiera de empezarlo! Que triste. Pero no hay problema, en poco tiempo volvere por Metropolitano... donde el camino hacia la facultad se hace tan interesante, cuando las ideas se organizan y tienen ganas de decirme cosas.
Ahora escribiré mi opinión personal de un artículo de Rosario Ortega, Catedrática de Psicología de la Universidad de Córdoba, "Formación Inicial".
Al igual que Rosario pienso que la escuela es un medio imprescindible para el desarrollo del individuo en la Sociedad. Debe difundir valores democráticos como la justicia, la tolerancia, la igualdad de oportunidades,…
Es cierto que se exigen muchas competencias al docente, pero tanto si hablamos de países desarrollados como si no fuera el caso. Las competencias variarán significativamente según las exigencias del país correspondiente.
En el caso de España, los profesores deben luchar contra el evidente retraso escolar. (¿Será por qué hace unos años nos estancamos en una dictadura?).
Respecto al problema que menciona Rosario, no le doy la razón en parte. Es cierto que en la facultad podemos encontrarnos tanto docentes acostumbrados a los “viejos vicios” como jóvenes innovadores. Pero esto no debe suponer un problema en la formación del profesorado, ni mucho menos que los docentes prefieran unas pedagogías o ideales a otros.
Cuanta más diversidad tengamos en la facultad más grande será el abanico de influencias.
Si algo he aprendido en la carrera es que si el docente en cuestión no me aporta argumentos contundentes o conocimientos sin bases científicas o coherentes, es el alumno quien debe buscarlo y aprender de ello.
Confesaré que he aprendido mucho más fuera de la clase, gracias a experiencias o libros relacionados con esta profesión.
Un profesor de facultad debe ser un guía para el alumno, es decir, que el alumno debe saber cómo emplear ese “manual” y en qué momento o circunstancia.
Tanto en julio como en diciembre, soy incapaz de terminar un libro, ¡ni siquiera de empezarlo! Que triste. Pero no hay problema, en poco tiempo volvere por Metropolitano... donde el camino hacia la facultad se hace tan interesante, cuando las ideas se organizan y tienen ganas de decirme cosas.
Ahora escribiré mi opinión personal de un artículo de Rosario Ortega, Catedrática de Psicología de la Universidad de Córdoba, "Formación Inicial".
Después de unos días sin escribir, ni muchos ni pocos, era hora de ello. ¡Es que mi mano pide tregua en vacaciones!, en verano las neuronas se evaporan, en invierno se masifican y se enfrían... como la tinta de la pluma ¡cuánto le cuesta!
Tanto en julio como en diciembre, soy incapaz de terminar un libro, ¡ni siquiera de empezarlo! Que triste. Pero no hay problema, en poco tiempo volvere por Metropolitano... donde el camino hacia la facultad se hace tan interesante, cuando las ideas se organizan y tienen ganas de decirme cosas.
Ahora escribiré mi opinión personal de un artículo de Rosario Ortega, Catedrática de Psicología de la Universidad de Córdoba, "Formación Inicial".
Al igual que Rosario pienso que la escuela es un medio imprescindible para el desarrollo del individuo en la Sociedad. Debe difundir valores democráticos como la justicia, la tolerancia, la igualdad de oportunidades,…
Es cierto que se exigen muchas competencias al docente, pero tanto si hablamos de países desarrollados como si no fuera el caso. Las competencias variarán significativamente según las exigencias del país correspondiente.
En el caso de España, los profesores deben luchar contra el evidente retraso escolar. (¿Será por qué hace unos años nos estancamos en una dictadura?).
Respecto al problema que menciona Rosario, no le doy la razón en parte. Es cierto que en la facultad podemos encontrarnos tanto docentes acostumbrados a los “viejos vicios” como jóvenes innovadores. Pero esto no debe suponer un problema en la formación del profesorado, ni mucho menos que los docentes prefieran unas pedagogías o ideales a otros.
Cuanta más diversidad tengamos en la facultad más grande será el abanico de influencias.
Si algo he aprendido en la carrera es que si el docente en cuestión no me aporta argumentos contundentes o conocimientos sin bases científicas o coherentes, es el alumno quien debe buscarlo y aprender de ello.
Confesaré que he aprendido mucho más fuera de la clase, gracias a experiencias o libros relacionados con esta profesión.
Un profesor de facultad debe ser un guía para el alumno, es decir, que el alumno debe saber cómo emplear ese “manual” y en qué momento o circunstancia.
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